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Sonríe, es gratis

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Se levantó con una sonrisa. No sabia muy bien porqué, pero decidió poner fin a unos días donde el mal humor marcaba su ciclo, sus instantes.
Habia estado irritada, algo melancolica y bastante deshubicada. Pero se negó a continuar con ese arranque de insatisfacción y puso toda su energía y empeño en cambiar las cosas. No podía entender el motivo por el que la desazón había marcado sus últimos días. No sabía ni por donde empezar. Sencillamente se encontraba extraña. Pero tenía claro que perfectamente podría cambiar su humor y aun así, seguir sin entender precisamente porqué ahora se encontraba alegre y llena de vida. En cuestión de instantes, en tan solo un abrir y cerrar de ojos, se propuso pintarse una sonrisa. 
«A veces somos nosotros mismos los que nos forzamos los estados de animo y sin querer nos marcamos la ruta a seguir», pensó Helena de forma reflexiva. – No todo tiene porque tener una explicación. 

En el fondo todos somos un poquito como Helena y sus pensamientos. No se si también os pasa, pero hay momentos donde instintivamente el ser humano busca automotivarse o dejarse llevar; sin poder encontrar sentido a ninguna de las dos cosas cuando estan sucediendo. Llega el verano y queremos disfrutar y exprimir los días sabiendo que tienen las mismas 24 horas que los del resto de estaciones, pero parece que nos cunden más cuando el sol baña nuestra piel. Se acerca septiembre y por un lado nos decaemos porque el verano ha pasado, pero hay algo dentro de nosotros que nos dice que es momento de abrir otra etapa. Algo que tira de nosotros para motivarnos y seguir ilusionandonos con cambios positivos. Las navidades rondan con alegria y la mente se evade hacia los retos y la posibilidad de alcanzar todos esos deseos y propositos que año a año nos repetimos. Quemados o no quemados, con ritual o sin ritual…no es una casualidad que siempre sean los mismos. Sino que lo que prometemos se nos olvida muy pronto porque a veces nos empeñamos en soñar con imposibles y ahí, ni toda la fuerza de voluntad del mundo, nos echa una mano. 

Los seres humanos somos así, insatisfechos por naturaleza. Cargados de la necesidad de vibrar con cada cambio y el deseo de cumplir sueños, incluso los de quien tenemos al lado. Ahora, hoy mismo 20 de agosto y a escasas horas de mi 32 cumpleaños todas estas dudas me asaltan de nuevo. Si realmente vivo la vida que quiero y no la que debo. Si apuesto por mi futuro y mi destino y si estoy conforme con todo el camino recorrido. Reflexiones previas con las que he quedado más que satisfecha al caer en la cuenta, que he vivido con gusto y cumplido todos mis deseos en cada etapa de mi vida. Y que como Helena, me propongo cada mañana intentar sacar una sonrisa, dibujármela en la cara y dar gracias porque tengo la inmensa suerte de decidir mi camino. De modo que, cara a cara con los 32…os digo, ¡este va a ser mi año! Y si no lo es… haré todo lo posible por exprimir los minutos de cada día del año, sea o no sea verano. ¡Feliz Semana! 😀

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Dosifica y abre tus ojos

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Llevo varios días bastante desconectada del mundo exterior y de todo el ruido de las redes sociales, Netflix, influencers, fake news y en general hasta del propio WhatsApp. Lo que viene siendo un apagón tecnológico. Bien es cierto que debo confesar que no ha sido de forma premeditada sino por la falta de datos y carencia de conexión Wifi (más…)

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Relato: Espigas de miel

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Dejó de pensar. Allí en ese mismo momento, mientras caminaba alrededor de aquellas matas de cereal. Granadas, pendientes de recolecta y de un color tan vibrante como el dorado de la miel. Se había pasado media vida organizando todo; cada paso, cada instante, cada milímetro perfectamente orientado hacia el futuro que quería conseguir, a ese sueño que perseguía cada vez que se levantaba cada mañana al alba para poner en marcha su rutina. Sin excusas, sin miramientos y sin margen de error porque en el caso de que se produjese; el tiempo de reflexión no cabría en su calendario. (más…)

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Lo que siempre fuimos

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Ocho y media de la mañana, el sol ya calienta en Madrid, la suave brisa acompaña mi despertar. La noche no ha sido tan calurosa como parecía. Cambiar el pueblo por la ciudad de vez en cuando no sienta nada mal. Aunque el asfalto queme y el ruido de las bocinas de los coches interrumpa el sueño.

Me lanzo a la calle sin pensar, esperando que la mañana me traiga fortuna y el destino quiera que no quiebre de una insolación. Son ya varios días los que llevo por España y todavía mi cuerpo no se ha acostumbrado a sobrevivir a estas temperaturas. De todos modos me quedo donde estoy ya que un pajarito me ha soplado que por Inglaterra el tiempo no da tregua y la lluvia inunda sus despertares.

Decido tomar el autobús. Siempre he sido más de superficie que de túneles y en esta ocasión voy con tiempo y un paseo por las calles de Madrid seguro me trae buenos recuerdos. Soy mucho de eso, de recordar, de revivir momentos donde fui feliz. Recorrer con la mente todas esas calles por las que un día me perdí y por las que seguramente vuelva a perderme dentro de muy poco.

Paso por un kiosco de camino a la parada, el olor a flores me llena. Las venden de toda clase y color. Porque Madrid es así, te sorprenden y te venden un periódico como un ramo de las flores más bonitas que puedas imaginar. Todo al alcance de tu mano.

Paso a paso me acerco a mi destino, los autobuses ya no hacen ruido, son ecológicos y el aire acondicionado de su interior sienta de maravilla. Parece que algo bueno sigue quedando vigente del gobierno de Carmena. Cuánto te va a echar de menos la capital, Manuela.

Fluyo por sus calles. Se nota que es julio. No hay agobios, todo discurre y mi mente vuela por todos esos momentos uniendo calles y situando mis vivencias y todos aquellos pasos con los que recorrí su fisonomía. Un año y medio después decenas de comercios han echado el cierre. Y donde había bares de toda la vida ahora me encuentro cadenas de repostería y gimnasios low cost. Dos o tres comercios tipo galerías sobreviven en el barrio como pueden ante la atenta mirada de las grandes marcas que están acabando con la esencia de todos esos barios donde cada vez que bajabas a comprar el pan o a tomar un café, te atendían con una sonrisa de reconocimiento. Sincera y amable. El hilo del progreso, el que todos alimentamos, pero que de vez en cuando, al echar la vista atrás, miras con nostalgia.

Veinte minutos de trayecto y ya he llegado a mi destino, al corazón del barrio Salamanca. Vuelvo a reconocer todas sus calles. Lo conozco bien, viví y trabajé entre sus emblemáticos y señoriales edificios. Hoy se muestra tranquilo, sin el típico bullicio que recorre sus tiendas y centros de negocios. Las vacaciones asolan la ciudad y yo me aprovecho de ello. Recados y gestiones terminadas, mi cuerpo me pide café. Tengo tiempo hasta coger el autobús de vuelta al pueblo y no desaprovecho la ocasión de pasarme por uno de mis rincones preferidos de la capital. El salón de té de Salvador Bachiller, en Goya, me pierde. Decorado al detalle, coqueto y tranquilo es el lugar perfecto para escribir estas líneas. Su música me transporta y su luz tenue hace que disfrutes de cualquier té o café que elijas. Tostadas de tomate para acompañar la mañana y recuperar fuerzas. Una delicia.

El reloj marca ya las doce y recapitulo todo lo que ha pasado por mi mente esta mañana. El poder del paso del tiempo. Lo importante que es y lo difícil que resulta muchas veces aguantar su tirón. El tirón de la crisis y la globalización que cerró y abrió todos esos comercios. Cómo todo cambia y evoluciona y cómo nosotros también maduramos con el paso del tiempo.

Me paro a pensar por un momento todo lo que he aprendido y cómo me ha sentado esta experiencia internacional en Inglaterra que acabo de vivir. Cómo he afrontado las relaciones sociales con la gente, el poder del trabajo y la barrera del idioma en algunas ocasiones. Y lo comparo con hace once años, la fecha cuándo abandoné también España para vivir un año en Italia. Y siendo sincera no tiene nada que ver. Ni la experiencia ni yo misma. En muchos puntos me reconozco, en aquella Lara de 21 años que se enamoró de Italia y exprimió sus nueve meses allí. Que vivió la cultura, se aprovechó de cada oportunidad y no tenía miedo a nada porque todo estaba por llegar. Pero en muchos otros he de reconocer que mi personalidad ha evolucionado y es otra. En cuanto a la conciencia social y lo difícil que resulta en muchos casos que la suerte te sonría. La Lara de ya casi 32 años sabe que nada llega si no lo buscas y que la mayoría de las veces las barreras que nos provocan miedos nos las ponemos nosotros mismos. Que no hay mejor aliado que el esfuerzo y la constancia y que con una sonrisa a tiempo se consiguen muchas cosas. La Lara de ahora valora cada detalle y sabe que no hay nada mejor que vivir rodeado de la gente que quieres. Y yo en eso soy muy afortunada.

Mis horas en Madrid van llegando a su fin por hoy. Me quedan dos recados más y el autobús de vuelta a Aranda. Qué bien me sienta la ciudad. Entiendo a los que detestan su agobio, contaminación y locura. Pero a mi me da vida. Me marcho tranquila; con ganas y a sabiendas que muy pronto Madrid y yo volveremos a ser cómplices. #FelizSemanaaTodos

Relatos

El camino que se quiere seguir

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Esa mañana se levantó agitada, no sabía exactamente porqué ni era capaz de averiguarlo, pero algo dentro de ella hacía que se sintiese ansiosa y algo descolocada.

Abrió la puerta de casa para intentar relajarse con la primera bocanada de aire fresco de la mañana. El sonido del viento rozando con las hojas de los árboles la tranquilizó. Era como terapéutico. A Ailín le encantaba la naturaleza y por esa misma razón había decidido dejar la ciudad hace tres años para comprarse y construir una nueva vida en el campo. Rodeada de todo lo que le hacía feliz; el sonido de los pájaros, el color neutro del amanecer y el aire limpio que la sacaba de su letargo. (más…)

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Un corazón lleno de historias

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Llegué con el sonido del tren. Entre neblina y agua fina. De rojo. Era normal, un 28 de enero no podía esperar otra cosa de Inglaterra. Casi un año y medio despues me voy con la misma maleta, el mismo tiempo desapacible pese a estar en junio, del mismo color rojo que me da fuerza, pero con la cabeza renovada y el corazón lleno de historias para no olvidar. De esas que te hacen reir, que te hacen crecer y también de esas que te enseñan lo rematadamente injusto q es el mundo cuando no lo tienes de tu parte. Se podría decir que he conocido gente de medio mundo y cada uno con sus historias y experiencia de vida… allá donde mire ahora en el globo terráqueo me encuentro una cara amiga. A tod@s vosotr@s gracias por tanto. Por hacerme creer que lo bueno y lo malo forma parte de las etapas de la vida y que vivamos donde vivamos siempre guardaremos un recuerdo muy especial de nuestro paso por Derby. (más…)

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Noches de verano

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El verano ya está aquí, bueno, supongo que en España porque lo que es por Inglaterra ni se ha acercado lo más mínimo. Seguimos despertando con cielos cubiertos y lluvia fina que más recuerda al otoño que a las típicas temperaturas que tuvimos el año pasado. Cambio climático o que ciertamente el verano del 2018 me dio una tregua para que la adaptación a estas tierras fuera mucho más amable. En cualquier caso, este año, no es así y el termómetro no ha pasado de los 20 grados. No me extraña que estos ingleses en cuanto cogen vacaciones; las aerolíneas y los hoteles de nuestras costas se llenen…Huyen como depredadores en búsqueda de sol, descanso y buena comida. Y tampoco les culpo. Vivir veranos donde no se ve el sol en más de diecisiete días no es recomendable para la salud. En su seguro médico se lo prescribirán como medicamento o terapia. Unas buena temporada bajo el sol y sobre la arena cura todos los males. (más…)

Lifestyle

En tu vida, cada día cuenta

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Ya vengo varios días dando vueltas a una concepto. Por naturaleza, trabajo o entorno me considero una persona optimista, sin embargo me he dado cuenta que en muchos casos nada tiene que ver este carácter alegre y dispuesto con la importancia de creer en uno mismo. Mucha gente me dice que el buen hacer y estar abierto a todo lo que la vida nos ponga por delante siempre es mejor hacerlo con una sonrisa y con buena actitud. Sin embargo, se nos presentan momentos en los que por mucho que intentemos poner buena actitud si todo esto no va respaldado con tener una buena autoestima y una buena valoración de uno mismo, no sirve de nada. (más…)

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Ciudades que vibran

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Qué tendrán las ciudades que me llenan de vida. ¿Qué será? he crecido y me he pasado media vida disfrutando de la calma de vivir en un sito donde todo está a mano. Donde no pararse por la calle a saludar mientras paseas es casi misión imposible, donde de un respingo puedes quedar con quien quieras y donde tomar un café no te cuesta una costilla. Donde el vino es religión y las relaciones sociales sosegadas. Y pese a todo esto; hay algo dentro de mi que me impulsa siempre hacia la ciudad. (más…)

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El poder del egoísmo

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Una vez más no puedo evitar meterme en terreno pantanoso y mostrar el descontento que siento ante la actual situación política. No por los resultados, que eso es opinión legítima del pueblo y por supuesto respetable. Sé que este tipo de artículos son controvertidos y me crearé detractores y me meta donde no me llaman porque no soy especialista en política ni tampoco lo pretendo. Pero como ya lo he detallado, no lo puedo evitar.

Me inunda una gran tristeza el saber que en muchas ocasiones el egoísmo del ser humano vuelve a triunfar dejando de lado y olvidando nuestro pasado y todo lo que nuestros familiares tuvieron que luchar por mejorarlo; por confiar y prestar su vida por creer en la de sus hijos, por pretender conseguir un futuro mejor. Más libre, próspero y un mundo donde vivir sin miedo a llegar a fin de mes, no sea una utopía. 

De todo eso nos olvidamos. De las manifestaciones por luchar por mejorar las condiciones de los trabajadores. De las protestas por defender y conseguir derechos, igualdad entre sexos; porque no sea quién se le ocurrió la gran idea de infravalorar a la mujer y sentenciarla al hogar y la familia. Y ahora que vamos poco a poco mejorando; intentando salir del pozo de la corrupción y los privilegios. Entre todo ese descontento generalizado entre la población, todavía hay gente que sigue prefiriendo vivir enganchada al pasado porque apuestan por tener el poder de hacer una migración selectiva, una vuelta a los orígenes de un país que vivió acobardado por los extremismos, pero que por lo visto ahora es lo que se lleva; la mano dura. Recuperar el control de la nación y tener potestad de decidir sobre ella simplemente por pensar en uno mismo, en el presente y no en un futuro vanguardista y próspero. 

Y cómo ya digo si en algo confío es en la democracia, en el poder del pueblo para decidir sobre sus gobernantes. Siendo cada uno libre de votar lo que buenamente considere. Lo que ya no me parece tan justo, y ciertamente es lo que me llena de rabia, es el egoísmo de los partidos políticos. Ese poder con el que se creen para dinamitar la opinión de los ciudadanos haciendo millones de coaliciones para conseguir su único objetivo. Gobernar a cualquier precio, le pese a quien le pese, sea quien sea y abandere lo que abandere. Porque parece que en este panorama político actual resulta mucho más plausible y conveniente, pactar e incluir en el gobierno de muchos municipios y comunidades a extremistas de derechas que luchan por medidas obsoletas y discriminatorias; que pactar con un «sanchismo populista» aunque el programa político sea más igualitario. Simplemente por no bajarse del burro, por no pensar en los ciudadanos y en su beneficio. 

Estoy cansada de todo esto; de ver como crean programas y medidas políticas que cada cuatro años cambian y otra vez a empezar de cero. Todo porque nuestros queridos políticos no consiguen dejar sus egos a un lado y dialogar y discutir abanderados solo por los derechos de los ciudadanos. Por crear un proyecto de futuro colectivo como país. Que si nos creemos tan listos y poderosos como para votar a partidos con migración selectiva, tengamos en cuenta que hay muchos otros países que pueden hacer lo mismo con nosotros. Todos somos parte de la misma rueda. La que unas veces te hace estar arriba y otras abajo. 

Vivimos en un planeta que se consume por la contaminación, respiramos un aire que es combustible y ahora vamos y tenemos que soportar cómo nuestros políticos van a vender su alma al diablo por un puñado de escaños. Por puro poder, no por luchar por un futuro igualitario, innovador y libre de contaminación. Lo que nosotros mismos con nuestro puro desconocimiento o desinterés hemos generado. 

Seamos menos egoístas, pensemos en lo que está por venir, en lo que queremos conseguir a medio largo plazo. Porque si seguimos confiando en proyectos de cuatro años lo único que pasará es que iremos perdiendo un tiempo que juega en nuestra contra. 

En cualquier caso nada está decidido todavía, mucho queda por hablar. El juego del cambio de cartas entre diputaciones y comunidades no ha hecho nada más que comenzar. Solo espero que me equivoque y que las coaliciones se hagan con cabeza, pensando en los ciudadanos y sus intereses, no por evitar la debacle de un partido con nombre propio. Y si finalmente no es así, esos partidos que dan poder a los extremismos brindándoles la llave de entrada al gobierno, quedarán retratados y en cuatro años volveremos a vernos. En las urnas, en la misma situación, habiendo perdido cuatro años que no nos podemos permitir. ¡Veremos! ¡Hagan juego!

¡Feliz Semana!