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Días de desconexión y libertad

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Todavía resuena en mi cabeza el eco de las trompetas y los tambores que anuncian Semana Santa. A cientos de kilómetros de distancia los recuerdo y en cierto sentido hasta los añoro. Pero cada cual en cada sitio al final lo acaba festejando como quiere o como buenamente puede. El periodo de pascua en Inglaterra ha llegado y además de llenar todo de huevos de chocolate y color, como ya os comenté la semana pasada, la gente se prepara para las vacaciones. Para disfrutar de su tiempo en familia, con amigos o descansando. Un largo puente que durará de jueves santo a martes donde el turismo ya sea rural o por la ciudad alejará de la cabeza de todos el trabajo y la rutina.

Bien es cierto que desde que vivo en Inglaterra, no he visto o quizá no se haya dado la circunstancia, no lo tengo realmente claro, de ver a gente preocupada y absorbida tanto por el trabajo y el entorno laboral, como lo he vivido en España. Quizá en Londres pase como en Madrid, pero tengo la sensación que en este país, se vive y se concibe el trabajo como un medio que consigue un fin, no como el centro de todo. Quizá precisamente por eso concilian mejor y tengan menos necesidad de las tan cotizadas vacaciones. La filosofía sin duda es distinta.

Por mi parte, tiempo también para una escapada para seguir conociendo todos los rincones que esta geografía me ofrece. Rumbo a Irlanda a disfrutar de la naturaleza, de lo basto de sus paisajes y de la bravura de sus mares chocando contra los acantilados. Solamente de pensarlo me aporta paz y mucha libertad. Ya sabéis claramente de qué irá el post de la semana que viene. Así que prestad atención y no os perdáis lo que está por venir.

A vosotr@s os digo, disfrutad también de vuestros puentes, vacaciones, ratitos de esparcimiento y romped la rutina. Días como los que vienen están para eso. Para disfrutar de la familia, los amigos, la pareja o de uno mismo. Con o sin Semana Santa, creyente o agnóstico, celebrar en libertad es algo maravilloso.

Como veis el post de hoy es más una conversación, una puesta al día de cómo van las cosas y sobre todo un deseo de que no llueva allá donde vayamos cada uno. Sobre todo por toda esa gente que dedica y pone todo su corazón en celebrar y procesionar su fidelidad y creencia. Pese a no hacerlo, cada vez que veo imágenes de gente desconsolada por no poder hacerlo, se me arruga el corazón. Del mimo modo que ayer me pasó al ver y seguir las imágenes que retransmitían el incendio de Notre Dame. Impotencia ante una tragedia que sin duda se podrá solventar y volver a construir, pero que hizo que millones de personas desde sus casas y ante los pies de uno de los monumentos más emblemáticos del mundo, sufrieran cada segundo mientras ardía por dentro.

Y como dijo su presidente, juntos volveremos a construir Notre Dame, juntos volveremos a hacer que todo vuelva y recobre sentido. Pues eso, es el momento de potenciar el juntos y pensar en evolucionar, en crecer y en mirar hacia un futuro donde espero y deseo que no haya más torres caídas. ¡Feliz semana!

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Brexit: De Oca a Oca y tiro porque me toca

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Como siempre y casi sin pensar nos hemos plantado en abril. Por Inglaterra las estanterías de los supermercados y y los escaparates de las tiendas se llenan de huevos de chocolate, motivos florales y conejitos felices y multicolor. La Pascua ha llegado y como buenos comerciantes, el mercado quiere que te pille preparado. Mientras tanto por España, vuelve el invierto. Ya lo dice el refrán, en abril aguas mil, pues bien, este año el agua se ha transformado en nieve. 

Más de uno estará ahora cambiando las ansiadas vacaciones de Semana Santa de la playa y el calor a la estación de esquí. Porque si nos quejamos de la rutina, el tiempo ha venido a cambiarla. A dar vidilla a una Semana Santa que se perfila en un horizonte muy cercano.  (más…)

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Relato. Compartiendo el cielo (Parte 2)

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Unas cuantas manzanas todavía le separaban de su destino. Pero pudiendo caminar, buena gana de malgastar el tiempo entre transbordos y gente que corre atropellada. Marta disfrutaba con el aire fresco y el sol de la mañana. Además así podía repasar en su cabeza los últimos detalles de cara a la entrevista de trabajo que tenía en una hora. Llevaba varios meses en París y había estudiado francés desde el colegio, pero siempre estaba ese miedo de no ser su lengua materna. Ese sentimiento de inseguridad que hacía que se bloqueara o titubeara de vez en cuanto. Qué bien suena todo en mi cabeza, – se repetía a ella misma- ya podría sacudir mis nervios y mostrarme así de convincente frente al público.

Era la décima entrevista en la ciudad y no quería meter la pata de nuevo. Necesitaba ese trabajo. Sus reservas de ahorro iban bajando poco a poco y vivir en una capital como París no resultaba precisamente barato. Era consciente que trabajar como cuidadora de personas mayores no era su profesión o no sería el trabajo de sus sueños, pero sí era lo que más se acercaba a ella teniendo en cuenta su situación y cómo le atacan los nervios con todo lo que tenía que ver con ejercer como enfermera o lidiar con situaciones de urgencia o límites. Solamente de pensarlo su cuerpo reaccionaba. Un torrente de recuerdos invadían su mente dejándole bloqueada y débil. Sin poder gestionarlos o analizaros. Sin poder comprender el detonante exacto que hizo que su vocación como enfermera y toda su experiencia, se convirtiera en su peor pesadilla.

Marta siguió su camino repitiendo una y otra vez todas las respuestas ante las posibles preguntas que seguramente el entrevistador le haría en unos minutos. Ya tenía cierta experiencia con entrevistas similares y esa mañana además se había levantado con una buena vibración. Siempre había sido de esa clase de personas que creían en las energías, en todo lo que nos rodea y en que siempre hay algo o alguien que llegado el momento te hace sentir mejor o peor para poder enfrentar las situaciones del día a día. Y justamente así se sentía hoy; plena, segura y con ganas de demostrarse a sí misma que todo ese cambio de vida iba a merecer la pena. Que vivir en París y trabajar allí sería su sueño cumplido y que nadie sería capaz de arrebatárselo, costase lo que costase.

Todo lo que veía a su alrededor le indicaba que era el día perfecto y que todo saldría bien. Que era hora de confiar en su suerte y apostar por su futuro. Y tal y como lo pensó y lo sintió, prácticamente se ejecutó. Una hora después de cruzar las puertas transparentes y perfectamente limpias del centro para mayores Eugène Forner volvió a cruzarlas para salir con la sonrisa más grande que podía lucir. Y junto a esa sonrisa la satisfacción de contar por fin con un trabajo en la ciudad de las luces. Ese pasito extra que hoy había conseguido hacía que viese todo desde un punto de vista mucho más amable. Se había martirizado mucho a sí misma. Había pasado horas y horas llorando de forma desconsolada por no poder seguir ejerciendo su profesión. Interminables horas con su psicóloga indagando en la raíz del problema. Pero a partir de ese terrorífico 11-M nada volvió a ser lo mismo. Y confiaba que ahora con esta nueva oportunidad consiguiese sentirse mejor aunque fuese cuidando y estando pendiente de los mayores.

Decidió volver a casa dando de nuevo un paseo. No podía dejar de pensar en lo que había conseguido. Estaba encantada y tenía que celebrarlo. Compró flores en uno de los quioscos más emblemáticos de la Avenida de los Campos Elíseos y se sentó a escasos metros en un fantástico Café con terraza para disfrutar de una de las bebidas que más le gustaban de París. Un buen café au lait era capaz de arreglar el día a cualquiera y si encima ya era uno de los mejores días desde que vivía allí, lo iba a disfrutar doblemente aunque tuviese que desembolsar cuatro euros. Era momento de premiarse y disfrutarlo como experiencia.

A escasos metros, un matrimonio compartía un brunch y sus confidencias. Sus dos niños correteaban alrededor dando vida y disfrutando del fantástico día que había amanecido. Marta no quiso entrometerse en la conversación, pero no pudo evitarlo, escuchar los cotilleos aunque fuese de refilón hacía que recrease sus historias en su mente. Su café había llegado, sacó del bolso su libro favorito y decidida a disfrutar del momento comenzó a sumergirse entre sus páginas. Absorta en sus líneas, unos gritos llamaron su atención. Levantó la cabeza de forma inmediata y vio cómo el matrimonio pedía ayuda y zarandeaban a uno de sus hijos con fuertes movimientos. No entendía la situación, pero sus nervios colapsaron su mente y Marta se quedó completamente bloqueada. Los segundos se le hicieron horas y como si de una eternidad se tratase un millón de pensamientos le abordaron hasta que se dio cuenta que estaba en sus manos atender a ese niño que claramente algo le pasaba. En ese momento, reaccionó de inmediato, dejó de pensar y por instinto se levantó, se acercó a la familia para avisar que era enfermera y efectuó al niño la maniobra de Heimlich. El niño se estaba ahogando y gracias a esa sencilla compresión abdominal, lo que pudo ser un drama se convirtió solo en un buen susto. Marta estaba allí, había reaccionado, por instinto lo hizo. Se había revelado a sus miedos y en esos segundos que a ella le parecieron eternos le plantó cara a su lado más débil reforzada por la idea de que las cosas buenas y los pensamientos positivos te llevan a otra cosa buena casi sin darte cuenta. 

Cuando el pequeño escupió el pequeño panecillo por su boca y volvió a respirar, Marta rompió a llorar. Lo había logrado, no sabía si de forma circunstancial o permanente porque la inseguridad seguía rondando su cuerpo y su mente, pero estaba claro que ese día en el que se había levantado con buena energía, había conseguido un trabajo y había ayudado a un niño a seguir con su camino, todo le indicaba que su destino para volver a ejercer de enfermera posiblemente no era tan negro como ella misma se imaginaba. Cosas buenas y pensamientos positivos atraen más cosas buenas y energías positivas. Sigamos, como Marta, el ritmo de la vida y lo que nos va ofreciendo. Aunque a veces no nos demos cuenta, poco a poco todo lo negro se va tornando de gris a blanquecino. Feliz semana. 

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Relato: Compartiendo el cielo (Parte 1)

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Caminaba despreocupada, dejando que la luz del sol, con toda su fuerza, se fuera colando por cada uno de los poros de su piel. Le transmitía toda la energía que aquella mañana necesitaba. Haciéndole sentir plena segundo a segundo, como si de una batería recargándose se tratara. El sol le hacía sentir viva, afortunada y dispuesta a seguir peleando por sus sueños. En cuestión de segundo se percató de todo lo que estaba pasando por su mente y con ello reafirmó su sensación de encontrarse en el lugar correcto. (más…)

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La Capacidad Del Ser Humano

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Hoy, en un acto tan sencillo como el de atarme los cordones, me he dado cuenta de algo curioso que jamás me había parado a pensar antes. Sentada en la cama preparando mis zapatillas para mi rutina deportiva me he percatado de la alta capacidad que tenemos, que tiene el ser humano en general, para adaptarse. Para determinar cómo sentirse mejor y encarar determinadas situaciones por las que nos hace pasar la vida. Tanto a niveles más extremos como con relación a cambios livianos o problemas de nuestra rutina del día a día.  (más…)

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Respuestas automáticas para situaciones rutinarias

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Hay días que la cabeza se bloquea. Lo mismo que sucede con el cuerpo cuando nos encontramos cansados o cuando hemos sufrido alguna situación de alto estrés. La cabeza, actúa de igual modo. Nuestra mente reacciona ante los estímulos con respuestas en muchos casos automáticas. Tal es así, que hace unos días me encontraba escribiendo en un bar tranquilamente mientas disfrutaba de un y cuando llegó la hora que tenía prevista para marcharme de allí, me percaté que una tromba de agua frustraba mi idea de salir de allí. Por instinto mi cabeza reacción con el pensamiento de quedarme hasta que parase de llover, que era una faena, pero… que qué iba a hacer. Sin embargo, le di el último sorbo a mi té y reaccioné. ¿Por qué iba a tener que quedarme allí?, no tenía ningún sentido. Además como alguien me dijo muy sabiamente «solo es agua». Qué mal puede hacerme. 

En ese momento me puse en pie, recogí todas mis cosas y puse rumbo a la calle. Con una bolsa de plástico tapé el sillín de mi bicicleta para intentar empaparme lo menos posible. Y con una sonrisa, al ver que nada me había frenado, puse rumbo a mi destino. No hay más que decir que llegué completamente empapada y con alguna que otra salpicadura de barro, pero llegué. Y la sensación fue de plena libertad. A simple vista y seguro que, según lo habéis ido leyendo os parecerá una tontería, pero decisiones de este tipo; decisiones básicas que casi por instinto tomamos a diario, son las que hacen que cambie nuestra rutina, nuestra forma de encarar cada día y muchas veces la forma en la que hacemos balance de la jornada. Porque yo ese día, no hice nada especial. Estudio, escritura, té, deporte…pero cuando llegué a casa al finalizar el día, me di cuenta que yo misma había conseguido que algo fuese diferente además de haber logrado no dejarme llevar por lo primero que me vino a la mente.

Muchas veces ni lo pensamos, por eso digo que es instintivo, pero bien vale la pena, perder algunos segundos en tomar la decisión que realmente queremos tomar, no la que por inercia ejecutamos. Y así con todo. Ahora bien, me diréis, todo va en función del carácter de cada uno; ya que hay millones de personalidades y la gente espontánea actúa de una forma mientras que los que somos, como es mi caso, más organizados, lo haríamos de otra forma. Quizá tomando esos segunditos extra para pensar y poner la mente en blanco. Sin embargo, para todos es igual. Ya que hablamos de pequeñas cosas. A lo largo de estos días, desde que me di cuenta de ello con el evento de la lluvia, he preguntado a la gente que me rodea por aquí y todos tenemos respuestas automáticas para este tipo de situaciones. Da igual de donde seamos o cómo sea nuestro carácter. 

Por lo tanto, desde esté té de las cinco de hoy, os invito a intentar fijaros en esos pequeños detalles del día a día e intentar modificarlos de algún modo para que las pequeñas cosas, sumen mucho más. Estoy segura que con diminutos cambios que sí están en nuestra mano, la vida se ve o se hace un poco más maravillosa. Total…«solo es agua». ¡Feliz semana!

 

Step by Step

Política, religión e historias para no dormir

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La mañana despertó templada. De esos días en los que el cielo está completamente cubierto, tan típicos ingleses. Que llenan y llenan las escenas de las películas. La neblina hacía que costase incluso ver qué había cien metros más adelante, pero la temperatura me convenció a salir. Era miércoles, un día bastante completo en la agenda que tengo programada desde que decidí venir a vivir a Inglaterra por una temporada. En mi caso, miércoles, es sinónimo de risas, de seguir aprendiendo el idioma con gente británica, de ver a las chicas y sobre todo de compartir juntas uno de esos magníficos Chai Latte que cuestan más de tres libras. Sin embargo, alguien alguna vez me dijo, que no siempre se puede o se debe poner etiquetas a todo. Y lo que en mi cabeza resonaba como un miércoles  cualquiera, ese miércoles, hace apenas tres semanas, se convirtió en un día bien diferente a lo que esperaba.  (más…)

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Cuestión de rutina

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Qué fácil resulta coger una rutina de algo con lo que disfrutas, algo que realmente te gusta. En mi caso desde pequeña con las extra-escolares de deporte por equipos, tenis y demás, ya comencé a incluir el deporte en mi vida. Sin demasiado éxito tampoco ya que cuando eres pequeño de lo que se trata es de divertirte. De fomentar el creer en el grupo y dejar un poco más de lado la competitividad.

Según han ido pasando los años no me entran en una mano, o me atrevería a decir que en las dos, la cantidad de gimnasios en los que he estado apuntada. Qué común todo esto. Apuntarse para ir cinco o seis veces al mes. También influye que en toda mi vida me he mudado como unas diez veces, de modo que eso juega a mi favor.  (más…)

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Utopía política

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Cuenta la leyenda que hubo un día donde la política se trataba como algo vocacional. Donde existían personas honestas que estaban dispuestas a ofrecer su vida, sus ideas y su potencial por hacer crecer una nación. Por hacer que la cultura y la sociedad madurasen a costa de trabajo y dedicación. 

Hubo un día en el que existieron políticos honestos. Mentes brillantes que hicieron que el sistema funcionara. Gente valiente que revolucionó y puso su vida en peligro para defender sus ideales y lo que creían que sería lo más beneficioso para el progreso. Para crear una sociedad mejor donde todos contásemos. 

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