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Ciudades que vibran

Qué tendrán las ciudades que me llenan de vida. ¿Qué será? he crecido y me he pasado media vida disfrutando de la calma de vivir en un sito donde todo está a mano. Donde no pararse por la calle a saludar mientras paseas es casi misión imposible, donde de un respingo puedes quedar con quien quieras y donde tomar un café no te cuesta una costilla. Donde el vino es religión y las relaciones sociales sosegadas. Y pese a todo esto; hay algo dentro de mi que me impulsa siempre hacia la ciudad.

Al barullo de la gente, el caos del tráfico, la planificación de los días y las quedadas con amigos. Es como un imán que te lleva hacia la complicación, pero que a la vez te abre un abanico de posibilidades que hacen que te sientas libre. Anónima ente la jungla de asfalto y capaz de organizarte la agenda para exprimirle al día sus veinticuatro horas. 

Eso es lo que me aporta la ciudad. Habrá por supuesto quien lo deteste, pero a mi me recarga de energía. Su vitalidad, movimiento y pasión. Me atrapa. 

Me paso con Madrid cuando decidí hace ya más de diez años vivir allí. Y me ha pasado hace unos días con Londres. Es cierto que entre ellas no se pueden comparar, pero el sentimiento o el feeling es el mismo. 

La semana pasada no hubo post por esta razón. Porque Londres atrapó mi mente y mi cuerpo, también, mi cuerpo también y ahora entenderéis el motivo. Parte de mi familia se animó por fin a visitarme más allá de nuestras fronteras y conocer Inglaterra de primera mano. Como buena anfitriona y encantada con la visita diseñé un planning para que absorbieran todo lo posible de un lugar y una cultura como la británica. Ciudad, pueblos, tradiciones, vanguardia, té, café, dulces y buena compañía a una media de treinta kilómetros al día. A pie, sí. Ahí es donde digo que Londres se quedó con mi cuerpo. Llegaba el final del día tan cansada que no pude poner en orden mis ideas para transmitiros lo contenta que me puso la visita tan especial que recibí y el enseñarles cómo está siendo mi modo de vida. ¡Qué bien lo pasamos!

Ahora, con las pilas recargadas, escribo este post desde Madrid. Una ciudad que pese a su locura hace que me sienta como en casa. Reafirmando que este siempre será mi sitio. Sin saber muy bien porqué y casi, sin querer saberlo. ¿A ti también te ha pasado? ¿Eres más de pueblo o ciudad? #FelizSemana 

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