Relatos

El camino que se quiere seguir

Esa mañana se levantó agitada, no sabía exactamente porqué ni era capaz de averiguarlo, pero algo dentro de ella hacía que se sintiese ansiosa y algo descolocada.

Abrió la puerta de casa para intentar relajarse con la primera bocanada de aire fresco de la mañana. El sonido del viento rozando con las hojas de los árboles la tranquilizó. Era como terapéutico. A Ailín le encantaba la naturaleza y por esa misma razón había decidido dejar la ciudad hace tres años para comprarse y construir una nueva vida en el campo. Rodeada de todo lo que le hacía feliz; el sonido de los pájaros, el color neutro del amanecer y el aire limpio que la sacaba de su letargo.

Ailín era una mujer de costumbres. No llevaba una vida arriesgada ni mucho menos excitante, pero así ella era feliz. Su rutina le daba paz y si el reloj marcaba las siete en punto, era hora de preparar su desayuno. –Es curioso lo diferentes que somos las personas y lo que a uno le puede encantar a otro le puede parecer un aburrimiento- pensó mientras se preparaba un café. Solo y sin azúcar. Le encantaban los sabores fuertes y algo amargos. Esa mañana además se preparó dos tostadas. No tenía costumbre porque solía levantarse con el estómago cerrado. Pero como ella notaba, esa mañana estaba siendo diferente.

Salió a la terraza para disfrutar su desayuno y tomó de nuevo otra bocanada de aire. La temperatura había bajado en los últimos días y su cuerpo lo notaba. El vello de su piel se erizó en tan solo unos segundos, pero necesitaba estar allí. Relajar su cuerpo y poner en orden su cabeza.

Al terminar, como siempre, encendió la radio. Era su mejor compañía. Desde que se había mudado al campo no había conseguido entablar demasiadas relaciones sociales. Había pasado de ser la persona más popular del barrio cuando vivía en la ciudad, a ser ahora un mero espectro o el cotilleo sutil de los vecinos que rodeaban su nueva casa. Pero tampoco parecía importarle.

Se alejó de la ciudad cansada de luchar por ser lo que la sociedad le exigía por meros convencionalismos. Rompiendo con un trabajo al que dedicaba veinticuatro horas al día. Que hacía que su cuenta bancaria creciera desorbitadamente cada mes, pero que no le permitía disfrutar de tiempo de ocio o soledad.

Se dedicaba al mundo de los eventos, era la mejor en lo que hacía y por ello viajaba por todo el mundo organizando y cumpliendo los deseos de las grandes marcas. Le encantaba lo que hacía, pero tras veinte años de dedicación, un 20 de mayo del año 2000 apagó su teléfono, mandó sus últimos emails y borró toda huella digital que su perfil profesional había dejado. Ya llevaba unos meses sintiéndose sobrepasada, pero no conseguía juntar las fuerzas necesarias y el coraje para atreverse a fulminar su vida de un plumazo.

Sonaron los pitidos que daban la hora en la radio. En ese instante Ailín volvió a su realidad. Cuando escuchó en la radio exactamente qué día era y las noticias de ese 20 de mayo de 2003. Justo se cumplían tres años desde que cambió su rumbo. Había pasado mucho tiempo y viviendo en el campo, en ocasiones, olvidaba hasta qué día de la semana era.

Por eso se habría levantado algo agitada. Su mente se había olvidado por completo como si hubiera sido una experiencia dolorosa que su cabeza eliminó de sus recuerdos. Una fecha borrada y eliminada para no recordar. Pero su cuerpo o su más profundo yo se olían algo y esa mañana se lo recordaron como un sentimiento que no sabía muy bien como describir.

El primer 20 de mayo después de dejar su antigua vida fue mucho más duro y permanente. El segundo aniversario también dolió y recordó con algo de nostalgia, pero ya este tercero estaba siendo mucho más liviano y se quedó con esa sensación. Hasta su mente se había olvidado, dejándolo en un segundo plano. –El año que viene pasará desapercibido- se dijo a sí misma con una sonrisa. Y continuó con lo que estaba haciendo. Con ese día a día que ahora le permitía ser feliz, disfrutar de sí misma, de su tiempo, de los nuevos hobbies que había descubierto y de una libertad que muchas veces nos privamos a nosotros mismos.

El cuarto año efectivamente Ailín ni se acordó de la fecha; porque todo pasa, la vida sigue por el camino que cada uno decidamos tomar. Y aunque a veces sea difícil tomar ciertas decisiones, al final hay que llenarse de valor por pelear y llegar a cumplir nuestros sueños. #FelizSemana

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