Viajes

Escucha y conecta contigo mismo: Aires regeneradores

Muchas veces solo se trata de respirar. De intentar volver a conectar con uno mismo. Sea donde sea. Solo o acompañado. Sentirte útil, válido y capaz son actitudes que refuerzan día a día la confianza que depositamos en nosotros mismos. Sentimientos que nos impulsan hacia delante con la simple intención de existir. Por eso, en muchas ocasiones; el volver a conectar con uno mismo, el mirarte hacia dentro por un ratito y el escucharte, sirven de tanto aunque solo sean unos segundos. Un ejercicio que yo recomiendo hacerlo prácticamente cada día, para saber qué es lo que nosotros pensamos y necesitamos sin tener en cuenta la multitud de estímulos externos a los que estamos expuestos. Opiniones, medios de comunicación, redes sociales y convencionalismos autoimpuestos que a veces no dejan que saquemos o que hagamos lo que realmente queremos hacer.

Mientras escribo este texto, recuerdo que hace tan solo unos días me encontraba disfrutando de la magia de conocer y explorar un nuevo país. De esa sensación tan bonita de no tener todas las cosas bajo control. De dejarte llevar y que lo nuevo te sorprenda. Ya sea una calle, una canción o una experiencia en un hotel.

A estas alturas de mi vida os puedo decir que he tenido la suerte de viajar bastante, de vivir temporadas en varios países y de conocer otras culturas. Sin embargo, hasta la semana pasada ninguna de esas experiencias me había llenado tanto a nivel cuerpo y mente como la que he vivido en Irlanda.

Si ahora mismo alguien me pidiera que en pocas palabras le describiera Irlanda diría que es un país que aporta paz. Un sitio donde te sientes libre en cada esquina. Un lugar que irradia tradición y amor por sus raíces y donde la gente vive tranquila sin mayor pretensión que la de intentar seguir adelante cada día.

Sin mucha extensión, con carreteras infernales, pero completamente llenas de encanto y con una creciente despoblación, Irlanda me transportó a otro mundo en tan solo unos segundos. Fue alejarnos de la vorágine de Dublin, que ciertamente tampoco es algo escandaloso, y disfrutar con cada paisaje, cada pub con música en vivo y de cada Guinness. Porque hasta la cerveza en Irlanda sabe diferente.

Muchas veces no es el lugar, sino la mezcla perfecta entre el momento indicado, la compañía y el sitio. Pero después de hablar con unas cuantas personas que han pasado una temporada conociendo Irlanda o incluso viviendo allí, la conclusión es la misma. La tranquilidad y la conexión entre el cuerpo y la mente a la que se llega en este magnífico trocito de tierra no se experimenta así como así tan fácilmente.

De modo que si estáis necesitados de una experiencia alejada de los grandes focos del turismo y os apetece conectar con vosotros mismos, no lo dudéis. Irlanda puede ser uno de los destinos que estáis buscando. Tengo claro que no os defraudará.

En mi caso, nosotros planeamos seis días por la zona sur. Pese a no tener demasiada extensión, Irlanda es mejor conocerla poco a poco, sin prisas, descubriendo cada rincón y a mi pesar, sin planear tanto los destinos. El tiempo juega un papel fundamental en este tipo de viajes. Y está claro que hoy por hoy es algo que no podemos controlar, de modo que la improvisación juega un papel fundamental en este tipo de viajes.

Seis días que nos permitieron conocer Dublin y su maravillosa Universidad con una de las mejores bibliotecas del mundo. Una auténtica maravilla pasear y oler los millones de ejemplares que duermen en la Long Room de Trinity College. Sorprenderte con las millones de puertas de colores que inundan la capital y perderte en el Temple Bar para conocer su cultura nocturna. Y hablando de noche, qué mejor que recorrer Galway. Su ambiente vibrante y su música en directo han conseguido que tenga una nueva playlist con música irlandesa. Todo un descubrimiento.

El disponer de coche es fundamental para vivir una aventura como esta, y si además es un coche bueno mucho mejor. Porque los días que vivimos una vez ya dejamos atrás estas ciudades, fueron de altura. Llegar a los acantilados de Moher, uno de los grandes atractivos del país, pese a ser la zona más turística que encontramos. Una pena la niebla que no dejó que disfrutásemos de todo su esplendor y belleza. Paseos por pueblos con tanto encanto como Killarney donde te sorprendías a cada paso con la multitud de locales típicos que plagan sus calles. Paseos y rutas por Gap of Dunloe, una de las zonas más bonitas para los amantes del mundo rural. Donde puedes pasar un día estupendo entre lagos, paseos en barca y naturaleza.

Como ya os digo, Irlanda sorprende en cada rincón. Porque cuando ya creía haberlo visto todo una fantástica ruta en coche por el Ring of Kerry y la península de Dingle, terminaron de conquistar mi corazón. Lo hicieron con su tranquilidad, con su calma, con sus fantásticas vistas donde los colores azules del mar contrastan con el marrón y el verde de sus acantilados. Cuando además el cielo te da una tregua y también se tiñe de azul, y por un momento no te crees ni donde estas o lo privilegiados que somos de tener y de poder disfrutar de algo como eso. Sin prisas, sin presiones, parando donde más te apetezca, siendo cómplice del tiempo y eligiendo tu momento. Qué más se puede pedir. 

Ahora os dejo una pequeña reseña que escribí entre niebla disfrutando en la medida de lo posible de un paisaje de ensueño como son los acantilados de Moher. Tendré que volver e intentar verlos con sol 😀

“Venir a Irlanda e imaginar estar en el fin del mundo donde las olas impactan con brusquedad entre sus acantilados milenarios que sostienen el paso firme y curioso de millones de turistas que llamados por su belleza nos acercamos a disfrutar de una de las maravillas más salvajes de la naturaleza. Perderse por sus caminos, intentar salirse de la ruta marcada y descansar y compartir un bocadillo en una de sus laderas. Experiencias que no valen dinero, que te hacen sentir libre y dueño de tu momento.

La niebla envuelve por momentos mi pies. Venir a Moher y tener un día soleado es casi una lotería, y esta vez no nos ha tocado. Sin embargo, intentamos encontrar el encanto viviéndolo de otra manera. Dejándonos llevar por el sonido de las olas, de los pájaros que sobrevuelan nuestras cabezas y de esa sensación de ser casi invisible entre la niebla. Dos pasos y nadie me puede ver, casi ni yo mismo. Por momentos mece nuestros cuerpos. Parece que se despeja y en segundos te vuelve a atrapar. El olor a salitre, el viento delicado que mece mi melena.  La voz de una niña me devuelve a mi realidad “I am the Queen”, grita con los brazos abiertos, ojos cerrados y una sonrisa que confirmaba que se sentía la reina del mundo..”

Y qué, ¿ahora te animas a visitarlo? #Felizsemana 

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