Viajes

Frozen memories

Imagina caminar sobre el mar congelado. Pasear por encima de él como si de un camino se tratase; blanco, frío, sólido. ¿Qué sientes? El temor se va alejando de tu mente según vas dando cada paso. Un poquito más seguro, un poquito más confiado. Alejándote de la orilla, en medio de un terreno que permanece congelado más de medio año.

Y ahí estas tú, disfrutando del paisaje. Atreviéndote con algo que tu mente no esperaba y alucinando con el increíble poder de la naturaleza.

Y como este mar congelado; frío, seguro, calmado y modesto así es Finlandia. Un país donde formar una familia se convierte en la mejor opción, donde los niños pasean solos por sus calles sin riesgos. Una ciudad tranquila, sin ruidos, sin humos, sin estrés ni contaminación. Donde los políticos son honestos y cumplen con su trabajo, donde la conciliación familiar es un derecho y donde el estado de bienestar está por encima de todas las cosas.

Pasar unos días conociendo esta parte de Europa me ha permitido adentrarme también en su cultura. Ir al supermercado si no tienes un sueldo finlandés, se convierte en una auténtica locura. Así que si tienes pensado viajar por aquí prepara una buena hucha llena de muchos euros, porque los vas a necesitar.

Buena parte del viaje lo dediqué a pasear y conocer bien su capital, Helsinki. Sus tintes soviéticos fue lo que más me impresionó. La verdad que iba con la idea de que fuera una capital europea moderna y vanguardista, sin embargo tiene sentido ya que su historia como país completamente independiente se remonta solo a 1917 cuando consiguió desvincularse completamente de Rusia. 

Pasear por sus calles te inspira y te invita a participar en el estilo nórdico. Comprar tazas y vajillas de diseño, pasear en bicicleta con la espalda bien recta, comprar flores mientras caminas, disfrutar de un café y un bizcocho de arándanos y si eres amante de la canela olisquear cada rincón. Porque sí, Finlandia huele a canela

Sueldos altos, vida tranquila y completa seguridad para residir en el denominado país más feliz del mundo. Todo esto al precio de vivir en una sociedad que, bajo mi punto de vista, vive bastante contenida por una educación basada en la disciplina. Convivir con temperaturas que rozan en muchos casos los 20 grados bajo cero y asumir que habrá muchos días donde tu vida social se resuma a permanecer en tu casa. El país de Santa Claus, donde hacer “Sauna” bien podría convertirse en deporte olímpico, no es tan maravilloso como parece. 

Pero para gustos los colores. Y si lo denominan el país más feliz del mundo será por algo. Me queda pendiente para la próxima visita poder disfrutar de lo que creo es lo mejor de Finlandia, sus auroras boreales en Laponia. Eso sí debe ser pura magia. 

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