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Inteligencia emocional: Compréndete a ti mismo

“Suena el despertador. Un día más. El número siete palpita en rojo al son del estridente sonido de la alarma que te recuerda que no hay tiempo que perder. Tu día acaba de empezar. Con recelo abres las cortinas, la niebla invade las calles y eso no ayuda. – Hoy hace un frío de esos que se te cuelan en el cuerpo y no hay forma de deshacerse de ello en todo el día – piensas. Para intentar ponerlo remedio y espabilar tu cerebro te diriges hacia la ducha. Abres los grifos casi por inercia, enjabonas tu cuerpo dejándote llevar por esa sensación de rutina… de hacerlo cada mañana… una y otra vez… sin que nada se altere, donde todo sigue su ritmo.

Y ahí en ese momento con la cabeza bajo el agua intentando no pensar demasiado, es cuando una frase se apodera de tu instante, de tu razón y de esos cinco minutos bajo la ducha que cada mañana hacen que tus pensamientos se alejen. Pero sin más remedio, como una tormenta, llegan esas palabras a tu mente y resuenan – Estoy de bajón, no se por qué, pero no tengo ganas de hacer nada-. Y por unos segundos te recreas en cada sílaba haciendo que la frase que intentas frenar, poco a poco vaya cogiendo más fuerza, vaya resonando más en tu cabeza y se convierta así en tu eslogan para afrontar el día”.

Ahora bien, a quién de vosotros no le suena este comentario. ¿Quién no ha vivido una situación similar? Quizá, precisamente no sea en la ducha como he descrito para iniciar el tema, pero estoy segura que a lo largo de nuestra vida nos lo hemos repetido varias veces y otras muchas lo habremos oído entre la gente que nos rodea. Y no tiene nada de malo, ¿eh?, para valorar y vivir momentos alegres y positivos deben existir estos otros más tristes o rutinarios. Sin embargo a donde quiero llegar con todo esto es a explicaros que cuando decimos que estamos “de bajón” aunque pensemos que no sabemos por qué, no es algo circunstancial. Aquí es donde entra en juego una pieza tan importante como nuestra inteligencia emocional. Que espero que os resulte tan interesante como a mí, ya que captó mi atención tras leer varios artículos sobre ello.

En esta vida, por suerte o por desgracia, todo tiene una explicación. Y en este caso, la inteligencia emocional juega un papel fundamental. La gestión de nuestras emociones muchas veces se ve como una debilidad, pero si sabemos identificarlas, lo que sentimos a diario y lo comprendemos, sabremos gestionarlas sacando un gran partido de esas situaciones. Las emociones facilitan nuestras decisiones y guían nuestra conducta. Pero también los estudios dicen que este fenómeno del “Estoy decaído y no entiendo el motivo” es debido a que nos cuesta reconocer nuestros propios sentimientos y estados de ánimo. Cosa que no sucede si pretendemos identificar los del resto de personas. Por eso, el reconocer y saber manejar nuestras emociones y sentimientos, en definitiva mantener integrada y controlada nuestra inteligencia emocional, se puede conseguir casi siguiendo unos pasos como si de un entrenamiento se tratase. Y os voy a contar como para que así podáis intentar aplicarlo día a día cuando las sensaciones o los estados de ánimo que os invadan sin saber por qué vayan cobrando sentido.

  1. Identifica qué sientes realmente. Tómate un instante, reflexiona y pon nombre al sentimiento que te llena. Si es furia, rabia, tristeza por algo o decepción por objetivos no conseguidos. Si le dedicas unos segundos estoy segura que lograrás poner nombre a tu sensación. 
  2. Equilibrio anímico. Ya hemos tomado conciencia de nuestro “problema”, sabemos a qué debemos enfrentarnos. Entonces deberíamos desarrollar nuestro equilibrio anímico para intentar controlar el mal humor o la tristeza que nos inunda cuando estos sentimientos llegan a la mente. Si no somos capaces de controlar nuestros “enfados” muchas veces nos encontraremos en situaciones donde digamos cosas que no pensamos, fruto del momento. 
  3. Motivación. Utiliza técnicas de motivación y respiración para poder alejar y valorar desde otra perspectiva esos momentos de tristeza o rabia, porque ver las cosas desde otro prisma hacen que todo se relativice mucho y podamos avanzar en nuestros problemas. Los identifiquemos, los gestionemos y aprendamos de ellos para así no caer o tropezar más veces con la misma piedra. Indúcete estados de ánimos positivos como confianza o entusiasmo…harán que salgas del bucle.
  4. Control de los impulsos. Cultivar el control de nuestros impulsos es vital para no hacer de un grano de arena una montaña. Es el momento de que te respondas a la pregunta de si eres capaz de controlarte ante esas situaciones, de aplazar tus pensamientos, para valorarlos más tranquilamente. Esta herramienta es clave para controlar nuestra inteligencia emocional y sacar ventaja en situaciones como “encontronazos” en el trabajo o nuestra vida cotidiana. 
  5. Sociabilidad. Por último también resulta muy útil en estos momentos saber empatizar con el resto. Si de antemano sabemos reconocer las emociones cuando alguien nos cuenta sus problemas, esto hará que cuando esos problemas nos sucedan a nosotros mismos, podamos identificar nuestra emoción directamente y así poder ponerle solución lo antes posible, sin que todo derive en conflictos mayores.

De modo que controlar nuestras emociones es posible. Nadie dijo que fuera sencillo, pero a mi me parecen herramientas muy útiles para poder dar salida a esos días donde lo vemos todo negro “sin saber el motivo”. Por lo tanto es hora de afrontar esas frases que se pasan por nuestra mente, identificar por qué no sentimos así y hacer que todo quede “en esos instantes que vivimos bajo la ducha” que no lo arrastremos durante todo el día o más allá. Porque los únicos que perdemos somos nosotros mismos, no aprovechando ese tiempo.

Ya me contaréis si os ha parecido interesante y si alguna vez habéis vivido una situación así, espero que os sea útil. ¡Yo ya lo voy poniendo en práctica! ¡Feliz semana! 😀

2 comentarios en “Inteligencia emocional: Compréndete a ti mismo

  1. Efectivamente Lara. Sobre este tema deberíamos estar más preparados y practicar desde la infancia.
    Al final cada uno busca su camino para salir adelante.
    Un beso.

    1. Exactamente!! creo que hay en algunos centros que tratan de practicarlo desde que los niños son más pequeños, pero imagino que colegios públicos no son jeje. Un beso

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