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Latidos

«En ese mismo instante se percató que cada uno de sus latidos le acercaba más y más a su despedida. Lo sentía cerca, tan cerca como se puede esperar después de más de dos meses sin verse.

-Pum, pum. Pum, pum. Pum, pum- Uno a uno esos latidos le recordaban los segundos que debía restarle al reloj para estar a su lado. Qué caprichosa se presenta la vida; cercana y sencilla donde un gesto como el pálpito del corazón se torna en tu contra cuando la mente se mantiene alerta. 

Ahí, tumbada en su regazo donde se sentía tremendamente protegida, sabía que ese instante moriría en pocas horas. Que una vez más, al filo del amanecer, debía volver a su realidad. A esa vida que con tanto esfuerzo y perseverancia había logrado y que ahora tampoco le convencía. Estaban tremendamente lejos. 

Ella, que se había comido medio mundo viajando, aprendiendo y poniendo a prueba sus propios límites, se sentía frágil y nerviosa cada vez que se separaba de su lado. Cada vez que el destino imponía su distancia todo se tornaba por un momento gris y aterrador. Su cabeza caprichosa trataba de inventar formas de permanecer cerca. Sin que la abrupta distancia que les separa hiciera poner patas arriba sus sentimientos. Pero difícilmente funcionaba. Todo la devolvía a ese instante. El que no estaba dispuesta a sacrificar pensando en el futuro, pero que sin ni siquiera proponérselo le infundía una inquietante desazón.

Jamás lo tendría controlado -se repetía- Ni sus miedos, ni la sensación de vértigo que le imponía el momento de la partida donde sus caminos volverían a separarse sin saber cuándo ni dónde volverían a ser felices.

Lo que empezó hace ya más de seis años como un inocente juego de niños donde se propusieron disfrutar el uno del otro sin complicaciones, dejando de lado los estereotipos y las opiniones ajenas. Todo aquello que acordaron bajo un cielo brillante plagado de estrellas, se le estaba volviendo en contra. Ella sabía que quería más.

Cada vez que se veían se hacía más y más difícil la despedida y ya no era capaz de averiguar si la magia y lo especial de sus momentos juntos hacía que su sufrimiento mereciera la pena. En ese preciso instante, Estela se quedó dormida al compás de los latidos de un amor que le devolvía a ese momento donde por primera vez cruzaron sus miradas y decidieron vivir libres. Donde se intercambiaron el corazón y prometieron ir de la mano pese a la distancia y a veces la desesperación.

Juntos eran mejores, disfrutaban de la vida, compartían confidencias y sonreían cómplices del tiempo. De ese tiempo que por sus carreras profesionales tan poco margen les ofrecía, pero que también les permitía valorar cada segundo, cada latido del corazón que se hacía más fuerte cuando iban de la mano. 

-A veces el amor es caprichoso, profundo, pero caprichoso- le susurró Oliver a Estela al oido para intentar despertarla de forma sutil. La hora de la despedida había llegado.»

¡Feliz semana! 😀

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