Lifestyle

Londres: Sueños bajo miles de bombillas de colores

Uno de sus sueños estaba tan solo a una hora y media de tren. Eran las nueve de la mañana, no recordaba un cielo tan gris desde hacía mucho tiempo. Todo apuntaba a tormenta, pero ella ya iba metalizada. Ropa de abrigo, lluvia, paraguas… pasar un día en Londres se puede hacer muy largo si no vas bien preparado.

El viento rozaba sus mejillas sonrojadas mientras esperaba en el andén. Sin embargo unos cuantos besos robados a su pareja hacían que la espera fuese más amena. Los trenes en Inglaterra raramente se retrasan y esa mañana de sábado el expreso también llegó puntual y especialmente lleno de gente. Viajar en «Off Peak» tiene sus riesgos y no les quedó más remedio que acomodar sus cuerpos entre vagón y vagón sentados ante la misma puerta de salida y entrada a la calle. El viaje y las ganas de cumplir un sueño que la llenaba de ilusión no desaparecería por esa anécdota. Tenía claro que en pocos minutos pisaría la estación de Saint Pancras y Londres brillaría completamente para ella. 

Habían sido unos meses un poco complicados. Llenos de tiempo dedicado al estudio y el trabajo. De modo que desde que compró los billetes de tren, día a día se aferraba en completar esa ilusión que desde niña ocupaba parte de sus sueños. Siempre le habían gustado las ciudades, especialmente de noche. Quizá por eso de sentirse completamente anónimo, increíblemente libre y como una pequeña hormiga que intenta exprimir todo su potencial. 

Al compás del tren miraba con cierta tranquilidad el reloj. Cada minuto que pasaba le permitía acariciar más de cerca su sueño. Una pequeña sonrisa intercambiada con una pasajera y una leve caricia de su pareja reforzaban su pensamiento positivo. Sabía que era su día. Sabía que a mucha gente le parecía un sueño de locos, una auténtica bobería. Pero para ella, vivir, disfrutar y sonreír bajo las luces de navidad que Londres ponía a su disposición, le hacía sacar su parte más infantil. Esa niña que llevaba dentro y que hacía que su corazón latiese un poco más fuerte. 

El silbato sonó y cinco minutos antes de lo previsto el tren llegó a su destino. No había tiempo que perder. Ella había estado preparando y buscando los mejores rincones navideños que ocultaba la cuidad. No quería perderse nada, pero tampoco ser en la planificación total que seguramente no le haría disfrutar del camino. Llenar su cuerpo y su mente de inspiración y experiencias era lo que necesitaba e iba buscando. ¡Londres en navidad! ¿Puede haber algo más bonito?

Desde que puso su pie en la ciudad el corazón le dio un vuelco. Caminar y perderse entre sus calles, trastear por un barrio financiero inquietantemente vacío, pasar por la pista de hielo bajo la muralla de la Torre de Londres y cruzar el Támesis por uno de sus puentes más emblemáticos. Por la orilla del río pasaron y se perdieron durante horas entre mercadillos navideños y turistas. El sonido del cauce del río les mantenía alerta. Tan solo unos centímetros lo separaban de sus pies. 

Anochecía a cada paso y la cuidad comenzaba a lucir sus mejores galas. Según se iban acercando al centro el poder pasear de forma libre y tranquila se iba complicando. Se dieron cuenta después de atravesar los alrededores de Buckingham Palace, perderse entre sus parque y jugar con las hojas secas que el fervor de gran urbe estaba a solo unos metros. Al parecer no eran los únicos que habían pensado en pasar el día allí. 

El poder de la pre-navidad, las compras y el querer sacar las mejores instantáneas obstaculizaban su camino. La ciudad lucía inmensa, revuelta, preciosa, brillante y como un cuento de fantasía. Pero el sentirte como una aguja en un pajar, tan insignificante, hacía que el sueño se desvirtuase en cierta medida. Aun así sacaron y exprimieron cada calle, lucharon por no perderse el uno del otro ante tanta marabunta de gente y de la mano consiguieron que ella disfrutara de su cuento navideño bajo miles de bombillas de color. 

Porque solo hay una cosa mejor que cumplir sueños; que es cumplirlos habiendo previamente peleado por ellos. No hay sueños ridículos, ni sueños pequeños. Cada uno se ilusiona con lo que quiere y ese día ella consiguió sonreír sin límites, ilusionarse como una niña y marcar en su lista de deseos su objetivo como cumplido.

¡Feliz semana!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *