Step by Step

Los caprichos de la memoria

Hoy me despierto bajo otro cielo, sigue siendo azul, pero de otra intensidad. Atrás ya quedaron los días de verano, las temperaturas a primera hora de la mañana nos lo recuerdan.  El precio por respirar el aire fresco del alba, ha subido. Se hace difícil aguantar más de un minuto con la cabeza sacada por la ventana. 

Mientras tanto los niños siguen su rutina, para ellos no hay frío o calor que les amedrenten. Los patios de los colegios vuelven a estar abarrotados y las risas, voces y carcajadas de los más pequeños inundan de nuevo las calles. ¡Bienvenida de nuevo a España! donde los niños corren, jalean y disfrutan como lo que son. ¡Ya estoy de nuevo unos días en casa!

 

Es curioso cómo es posible que en cuestión de segundos, tan solo con ver estas escenas en los recreos, el cerebro es capaz de alinearse con todos tus recuerdos. Será que me estoy haciendo mayor, porque hasta yo misma decía que cuando empiezas a echar la vista atrás es que los años van haciendo de las suyas. Pero en un abrir y cerrar de ojos me han venido mil historias a la cabeza de todas las travesuras, de todos los juegos y de todas las ideas disparatadas que viví entre esas cuatro paredes que forman el patio del colegio. Incluso miles de confidencias y cotilleos que susurramos entre amigas. Cuánta historia no habrán vivido.

¿Por qué será que somos capaces de recordar esos momentos tan concretos, incluso revivir ciertos instantes de nuestra vida, cargados de sensaciones y sin embargo a veces no seamos lo suficientemente hábiles como para recordar los planes que hicimos hace unas semanas o el menú del día anterior? 

No hace mucho leí un artículo sobre el poder de los sentimientos asociados a los instantes de tu vida, a los libros que leemos por ejemplo. Cómo el cerebro reconoce y te recuerda aquellas experiencias que han estado ligadas a tus sentidos o a tu corazón. Ya sea en ambiente positivo o negativo. Simplemente por el hecho de que han sido altamente sensitivos. El estudio ponía de manifiesto cómo siempre seremos capaces de recordar la portada de un libro o su contenido si en el momento que lo disfrutamos lo estábamos haciendo en un entorno que nos aportaba algo más. Simplemente por el principio de asociación. Por lo que se recreó en nuestra mente, por lo que nos hizo sentir al leer sus líneas. Siendo más sencillo acordarte… de ese libro que leíste en la playa mientras la brisa del mar jugaba con sus páginas, que de otro que leíste por la noche antes de irte a dormir. Incluso podrás acordarte del contenido o del momento exacto en el que lo leías, aunque muy posiblemente el título se te haya borrado de la mente. 

Me parece algo muy interesante y sobre todo muy aplicable a la vida y a todos sus campos. Tanto es así que decidí hacer el ejercicio de intentar ponerlo en práctica y ver si realmente era verídico lo que “El País” argumentaba en sus páginas. Curiosamente así fue, conseguí recordar; varios detalles de muchos libros que marcaron momentos, portadas, argumentos y capítulos mientras que el título o incluso el final se me planteaba borroso. 

Lo mismo me ha sucedido hoy al ver a todos esos niños corretear, al ver grupos de amigos en círculo o paseando cogidos del brazo y disfrutando de su bocadillo. Recuerdos asociados a sentimientos que tal y como se relata en el artículo hacen que en cuestión de segundos evoquen en tu mente todo lo que viviste hace años en una situación similar. 

Os dejo el enlace por si os resulta tan intrigante como a mi. La mente y sus caprichos. Desde luego hace que apreciemos mucho más lo valioso de mantener los recuerdos. Agradables o menos amigables, hacen que sigamos sabiendo quien somos y cómo hemos llegado hasta allí. #Quenosdurenmuchosaños Y llegados a este punto también os animo a practicar el ejercicio mental de intentar recordar libros, conciertos, viajes o canciones; lo que más rabia os dé. A ver si también en vuestro caso, la memoria se mueve seguida por este patrón. ¡Feliz martes y feliz semana! 

Enlace. Fuente: Artículo El País

 

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