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Relato. Mi vida en tus manos

«Caminaba sin prisa, intentando controlar esa sonrisa desmedida que se dibujaba en su cara y se hacía más sincera a cada paso – Noelia, contrólate– se decía a sí misma – un beso no debería revolucionarte de esta forma– Pero era imposible, a quién pretendía engañar, estaba siendo el día más importante de su vida. Había sentido por fin lo que significa la palabra amor y por primera vez en mucho tiempo se sentía plena, segura de sí misma y feliz. Tan feliz que dejó de exigirse corregir esa sonrisa, se obligó a disfrutarla.

Hacía un típico día de verano. Por fin quedaron atrás esos días lluviosos que más tenían que ver con el amargo otoño que con el brillante 25 de junio que figuraba en el calendario. – Qué tendrá el sol que te llena de energía– Por un momento se sintió hasta sofocada. Sus mejillas doradas reflejaban los enérgicos rayos de sol que riegan Valencia a las cinco de la tarde.

Ligeramente, una mariquita se posó en su hombro y se acordó de su amiga Lucía y lo mucho que valora esos pequeños detalles que le hacían vivir más feliz su día. Ahora la entendía mejor que nunca. Qué ganas tenía de verla y contarle sus novedades. Cómo por fin había logrado dejar de lado sus miedos y arriesgarse a contarle a Marco lo que significaba para ella desde que se conocieron en aquel concierto. –Bendito destino– Él, se había convertido en su más bonita casualidad. Y ahora esa casualidad iba a ser parte de su vida.

Incluso un suspiro se le escapó entre esos labios que no dejaban de recordar lo que habían vivido hacía unas horas. Miró el móvil y con recelo decidió salir de su burbuja. Eran las cinco y cuarto de la tarde y en tan solo 15 minutos empezaba su turno en el hotel. Tres manzanas la separaban todavía de su destino de modo que apretó el paso y se centró en arañarle segundos al reloj.

Era su segunda semana como recepcionista y si quería asegurarse su puesto este verano no podía despistarse ni lo más mínimo. Se sentía plenamente afortunada, llena de proyectos y de motivación. Tenía al alcance de su mano el verano por el que tanto había luchado.

El hotel donde trabajaba era modesto. Dirigido por una familia valenciana desde hacía mas de cuatro décadas. De esos negocios que presumiblemente pasan de padres a hijos y donde la atención personalizada al cliente es lo que hace que siempre vuelvan.

Noelia allí se sentía como en casa. En tan solo unos días había conseguido encajar divinamente con sus compañeros. Esos que en cuanto la vieron entrar por la puerta aquella tarde supieron que algo en ella había cambiado. Su sonrisa burlona la delataba. Sin embargo Noelia esperó hasta finalizar su turno para compartir sus sentimientos. A cabezona no la ganaba nadie y ninguno de los compañeros consiguió arrancarle ni un detalle en horas de trabajo.

La temperatura había bajado y la suave brisa invitaba a pasear tranquilamente y disfrutar de una noche de verano. Su turno había terminado. Cogió el móvil decidida a enviarle un mensaje a Marco y contarle que ya había firmado su primer contrato de trabajo con el hotel. Estaba siendo un día cargado de buenas noticias. Ni ella misma se lo podía creer.

De nuevo con una sonrisa decidió volver a casa caminando. Intercambiaron mensajes durante un buen rato y con el propósito de verse al día siguiente se despidieron con el emoticono más dulce que encontraron.

Se sentía cansada. Había sido un día intenso y solo pensaba en ponerse el pijama y soñar. Tan solo 200 metros le separaban de su casa. Giró como siempre en la calle Finestrat. Un grupo de amigos disfrutaba de la última cerveza a las puertas de un local que acababa de cerrar. El dueño se despidió de ellos y desde su coche intercambió un saludo con Noelia. Parecían especialmente motivados. Estaba claro que algo estaban celebrando, pensó –quizá alguno se case

Sin ganas de interrumpir el momento amistad por el que estaban brindando decidió cruzar de acera y así pasar lo más desapercibida posible. Sin embargo el más alto de todos se percató de su presencia y le animó a brindar con ellos.

Ella siguió su camino, solo pensaba en llegar a casa. Pero la negativa no sirvió de respuesta para este grupo de amigos que en cuanto Noelia quiso darse cuenta ya la estaban rodeando. Comenzó a sentirse algo intimidada. Rechazó de nuevo su propuesta y aceleró el paso. De repente las ofertas de brindis se convirtieron en insultos. Las manos que sujetaban cervezas, ahora la mecían entre agarrones y lo que a simple vista parecía un grupo de amigos pasándolo bien, ahora se había convertido para ella en una auténtica pesadilla.

Dos minutos la separaban de su casa. Sin embargo el camino se tornó eterno. Vacía, casi sin aliento, sin identidad y sin sentimiento. Le habían robado la sonrisa, le acababan de robar la esperanza. Se habían cargado de un plumazo todos sus sueños.

Noelia jamás olvidará aquella noche donde volvía a casa a compartir con su familia sus ilusiones. Y donde perdió a tan solo dos minutos de su destino; su seguridad, su confianza y a la Noelia que era antes de ese 25 de junio»

 

Por suerte esta historia es completamente inventada. Pero no se me hace difícil ni mucho menos raro pensar que algo así esté ocurriendo hoy mismo en alguna calle de alguna ciudad, a alguna chica cualquiera y a manos de uno o varios personajes que se sienten dueños del destino de las personas.

Mientras la justicia siga edulcorando estos delitos y barbaridades, no seremos libres.

Mientras la educación y la sociedad por completo no se vuelque en atajar futuros delitos, no seremos libres.

Vergüenza y desconsuelo de querer vivir tu vida y ni siquiera poder ser dueña de ella.

#NoesNo y si no hay SÍ #tambiénesNO Juntos y juntas somos más fuertes.

 

3 comentarios en “Relato. Mi vida en tus manos

  1. Conmovedor. Delata la cruel realidad de la infame cobardía del hombre cuando está solo, y lo vulgarmente matón que se cree en compañía, de los que son tan cobardes como lo es él. Un 10 a la narración y su forma.

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