Viajes

Once upon a time…

Érase una vez una humilde aldea situada en el Báltico. Pequeña, coqueta, cuidada hasta el mínimo detalle, a la vista del mar. Su artesanía ilumina sus calles de preciosos objetos pintados a mano con colores vivos que te acercan a días soleados y cargados de energía. Todo limpio, todo organizado. Todo pensado para que disfrutes, camines por sus empedradas calles, te acerques a oler cada uno de sus rincones con puestos de flores frescas como en el mercado. Y tu día pase a ser parte de ese cuento de hadas que Tallin ha diseñado.

No tengas miedo, cierra los ojos y déjate llevar. Esta ciudad es para eso. Para olvidarte del turismo, para perderte por sus diminutas calles e imaginar como sería tu vida dentro de ese centro histórico. Medieval, completamente amurallado y lleno de vida. 

Conociendo sus rincones, su antigua farmacia, sus curiosas historias rodeadas de misterio y artes oscuras, lo heterogéneo en la construcción de sus iglesias y el respeto a todas las religiones. 

Párate, coge aire y sube esas escaleras ¡ Merecerá la pena! Tallin cuenta con innumerables rincones para disfrutar de su entorno. A vista de pájaro todo se visualiza mejor. Te ubica, te aporta un contexto 360 grados de la ciudad; para que sigas imaginando como se desarrollaba el día a día de aquella población hace cientos de años cuando por allí se codeaban caballeros y princesas, mercaderes y comerciantes. 

Recuerdo imborrable de una ciudad que hoy se posiciona como uno de los puntos fuertes en cualquier guía de turismo europeo. 

Sabor medieval, encrucijada de calles y una historia a sus espaldas de tierra conquistada y sometida por daneses, alemanes y rusos. Un pueblo acostumbrado a sufrir y que no se ha considerado país independiente hasta 1991. Tan sólo hace 14 años que forma parte de la Unión Europea. No te sorprendas, si decides apostar por la auténtica gastronomía estonia y no acudir a los típicos restaurantes turísticos, casi seguro recibirás un trato no muy amable por parte de camareros y hosteleros. Su carácter es así; cerrado, frío y distante. Quizá su pasado no tan lejano les condicione. 

Un día es más que suficiente para conocer esta ciudad que hace que abandones con nostalgia su casco histórico. Torreones de teja rojiza, coloridas casas de comerciantes que conviven bajo el mismo cielo que la actual Tallin donde se desarrolla la actividad diaria lejos del turismo y la tradición. Un Tallin gris y bastante anodino al más puro estilo soviético que no merece la pena visitar. Ciudad de contrastes

Hoy ya desde casa os cuento que hay días que no paro de pensar en sus calles, imaginar el sonido del galope de sus caballos por sus empedradas y serpenteantes calles y aquel té que disfruté y me inspiró tanto en la plaza donde se acordaron tantos trueques y se contaron tantas historias. Mi momento. ¿Cuál es el tuyo?

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