Step by Step

Política, religión e historias para no dormir

La mañana despertó templada. De esos días en los que el cielo está completamente cubierto, tan típicos ingleses. Que llenan y llenan las escenas de las películas. La neblina hacía que costase incluso ver qué había cien metros más adelante, pero la temperatura me convenció a salir. Era miércoles, un día bastante completo en la agenda que tengo programada desde que decidí venir a vivir a Inglaterra por una temporada. En mi caso, miércoles, es sinónimo de risas, de seguir aprendiendo el idioma con gente británica, de ver a las chicas y sobre todo de compartir juntas uno de esos magníficos Chai Latte que cuestan más de tres libras. Sin embargo, alguien alguna vez me dijo, que no siempre se puede o se debe poner etiquetas a todo. Y lo que en mi cabeza resonaba como un miércoles  cualquiera, ese miércoles, hace apenas tres semanas, se convirtió en un día bien diferente a lo que esperaba. 

Después de una sesión de entrenamiento, puse rumbo a la biblioteca. Cada miércoles el estado ofrece clases gratuitas. Es como un taller de lectura y conversación donde te adentras paso a paso en conocer la cultura y la literatura británica. El grupo suele ser cerrado, con esto no quiero decir que nadie más se pueda unir, sino que desde que comenzó, normalmente acudimos siempre la misma gente. Un grupo de mujeres de todas partes del mundo que compartimos dos horas magníficas a través de contar y compartir nuestras experiencias. Pero aquel miércoles, fue diferente. Nada más entrar por la puerta me percaté que había más gente de la habitual y que se podían ver algunas caras nuevas. Me acerqué hacia la mesa donde se imparte el curso y ver cómo quedaba repartido el grupo para esa mañana. Mi instinto hizo que pensara que aquellos dos chicos que esperaban a ser asignados a un tutor, posiblemente fueran de España. Rasgos similares, forma de vestir, incluso ese acento tan característico que tenemos cuando nos ponemos a hablar inglés. Sin embargo, nada fue como esperaba. 

Formamos los grupos y uno de ellos se sentó a mi lado. -Hola, soy Mohamed- me dijo con una sonrisa. Ahí ya pude darme cuenta que lo más seguro es que español, español no sería. Yo también me presenté y entre una cosa y otra me dejó caer que acababa de llegar a Derby y que venía de Irán. La clase dio comienzo. Normalmente no hacemos ronda de presentaciones ya que todos nos conocemos bien ya que acudimos semana tras semana. Pero aquel miércoles fue especial y comenzamos una ronda de presentaciones para que también Mohamed se sintiera integrado. Poco a poco cada uno nos fuimos presentando; nombre, lugar de procedencia, profesión, motivo por el que habíamos llegado a Derby… un sin fin de preguntas básicas que de tanto decirlo hasta ya lo respondemos de memoria. Uno a uno fuimos pasando, hasta que el turno llegó a Mohamed. Era el nuevo, de modo que todos los ojos se fundieron en su historia. Aunque realmente no esperábamos oír lo que estaba a punto de compartir. 

Durante toda su exposición el gesto de su cara fue el mismo. Ni un atisbo de miedo, de cobardía o de rechazo. Lo que estaba contando lo había vivido tan en primera persona y con tanta incredulidad, que ahora que ya todo había pasado, solo podía mostrar calma y sosiego. Mohamed hizo las debidas presentaciones y poco a poco según lo que iba contando me iba dando cuenta que él en su parte del mundo y yo en la mía, habíamos vivido vidas realmente similares. Un año de diferencia en cuanto a la edad, misma profesión y pasión por las letras y trabajo estable de la mano de una agencia que gestionaba grandes cuentas de clientes, incluso el principal era el mismo que el mío. -Tan lejos y tan parecido- pensé. Y seguramente por eso, su historia me sorprendió tanto. 

A simple vista lo que os voy a contar es lo que viven millones de personas a diario gracias a las guerras, la política y la religión. Conceptos que hoy en día separan más que unen. Sin embargo el vivirlo tan de cerca, hizo que ese miércoles, mi punto de vista cobrara otra dimensión y pensara realmente en todo ello. Mohamed a sus treinta años había dejado atrás una familia, un buen trabajo y todos los sueños por los que había luchado. Irán, como muchos otros países de Oriente Medio, cada día va dando pasitos y pasitos en la dirección contraria y él, como muchos más, lo vivió en sus carnes. 

El año pasado decidió que, ser musulmán o por lo menos el musulmán que has de ser si vives actualmente en Irán, no encajaba con sus ideas. Ver como un gobierno altamente corrupto maneja los hilos y pone en jaque a toda la población, por el simple hecho de sus propios intereses, no encajaba en su mente. Y llegado a este punto tienes dos caminos; o lo aceptas y profesas tu fe y prácticas las escrituras o eres objetivo y enemigo del estado. Allí mismo, en tu país, en el sitio que te vio nacer, crecer y vivir en libertad, ahora ese sitio y los que lo gobiernan hacen que por pensar diferente, tu vida se encuentre siempre en pleno riesgo. -Tengo muchos amigos que piensan igual que yo. Que hemos ido a la universidad, que hemos creído que nuestro país era libre y que se podía vivir bien. Pero ahora nos hemos dado cuenta que ya nada de eso es posible. La diferencia entre ellos y yo, es que ellos siguen en Irán viviendo la vida que no quieren vivir, pero al lado de sus familias, porque han decidido caer en la red del estado y vivir como musulmanes, pese a no serlo-, sentenció Mohamed. 

Cuando Mohamed decidió dar el paso de renegar de su fe, tan solo la iglesia católica le brindó una pequeña oportunidad que le dio esperanza para poder salir del infierno que se había convertido su vida. Su familia le dejó de lado, perdió el trabajo, la ilusión y en muchos casos la esperanza. Se acogió a este hilo de luz que otra religión le brindó, en este caso concreto sin pedirle nada a cambio, y gracias a eso, hace dos meses consiguió salir del país y poner pie en Gran Bretaña. En el momento en el que le comunicaron que debía «hacer las maletas» ni él mismo sabía cuál sería su lugar de destino. A través de convenios internacionales a cada persona la envían a donde más les conviene o donde creen oportuno. De modo que estás abandonando toda tu vida y además cuentas con el handicap de no saber ni siquiera donde empezarás de nuevo de cero. Pero como él mismo confesaba -eso era lo de menos, solo quería salir de Irán-. 

Hace dos meses puso sus pies en Londres. Inglaterra fue su destino y después de chequear que sus papeles estaban en regla y que el gobierno había validado su «exilio», Mohamed llegó a Derby con la maleta llena de recuerdos y una experiencia bastante traumática que debía intentar quitarse de encima. Llevaba tan sólo tres días en Derby, viviendo en un albergue que el estado tiene preparado para ellos, cuando le conocimos en el curso. Ese miércoles, habitualmente de risas, que se convirtió en un miércoles cargado de realismo. De algo de esperanza, porque haya cosas que se están haciendo bien con estos «refugiados» y con alegría de que por lo menos haya gente que pueda iniciar una nueva vida aun que sea habiendo perdido tanto. 

Los detalles escabrosos, se los guardó. Sabía donde estaba y la cara que se nos estaba quedando a todos. Según iba contando su relato, las preguntas se iban agolpando en mi mente, sin tener muy claro si serían apropiadas para una persona que acababa de conocer. Con el mismo cuidado que las pregunté, me las respondió. A cada una de nosotras. No sé muy bien si todo era verdad, porque no hay nada con lo que pueda comprobarlo ahora mismo y escuchar la otra cara de la moneda, pero la conversación que tuvimos ese miércoles, sobre religión, política y cultura, nos dejo a todos con la piel de gallina. 

Qué difícil es valorar lo que tienes. Cuesta tanto que tienen que venir personas como Mohamed a recordártelo. Y qué fácil se olvida. Su vida y la mía discurrieron de forma similar hasta que por nacer en un país u en otro, todo acabó diferenciándolo. Por el momento, yo tengo mi vida en mis manos y soy dueña de mis decisiones. Él y todos los que escaparon con él ni siquiera saben donde pasarán los próximos seis meses. 

No le volvimos a ver por las sesiones de la biblioteca. Ni a él ni al resto que acudieron ese día. El gobierno ya les había mandado desde Derby al que sería su siguiente punto en el camino. Un camino, lejos de sus fronteras,  con el que persiguen buscar su libertad. 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *