LifestyleRelatos

Relato: Compartiendo el cielo (Parte 1)

Caminaba despreocupada, dejando que la luz del sol, con toda su fuerza, se fuera colando por cada uno de los poros de su piel. Le transmitía toda la energía que aquella mañana necesitaba. Haciéndole sentir plena segundo a segundo, como si de una batería recargándose se tratara. El sol le hacía sentir viva, afortunada y dispuesta a seguir peleando por sus sueños. En cuestión de segundo se percató de todo lo que estaba pasando por su mente y con ello reafirmó su sensación de encontrarse en el lugar correcto.

Hacía meses que había dejado atrás su vida anterior. La antigua Marta, como así se refería a ella misma, quedó a miles de kilómetros de distancia. Las lágrimas de desconsuelo y frustración que eran habituales en su día a día se habían convertido poco a poco en sonrisas llenas de confianza. La nueva versión de sí misma le gustaba y no lo podía ni quería ocultar. Había conseguido algo que jamás hubiera imaginado y podía estar orgullosa. Había transformado su temida soledad y la había convertido en su amiga consiguiendo valorar cada segundo y cada minuto que ahora pasaba sola con sus pensamientos. Se encontraba a años luz de su vida anterior, de sus temores y sus sobresaltos. Y lo mejor de todo es que lo había logrado ella sola.

Esa mañana soleada de primavera, Marta, se dirigía con paso firme a la que sería su décima entrevista de trabajo. Ella que había entregado media vida a ayudar a la gente cumpliendo turnos y guardias en el hospital del pueblo madrileño que la vio nacer. Una labor que siempre desempeñaba con una sonrisa y que ahora era incapaz casi ni de recordar.

Y esa fue la razón por la que decidió, hace casi medio año, poner rumbo a París y apostar por un cambio de vida que mantuviese sus nervios bajo control. Su vida personal y sobre todo profesional, no fue lo mismo desde que afrontó en primera persona los sucesos del 11-M, todavía esa fecha resuena con fuerza en su cabeza. Recordando cada angustioso segundo donde fue incapaz de reaccionar. En ese mismo instante sus manos comenzaron a temblar y una corriente de sudor frío le recorrió la espalda recordando la tremenda atrocidad del ser humano. Sintiendo casi como si estuviera allí, aquella mañana nublada en Madrid donde se sintió superada, bloqueada por su propio miedo y un pánico que le impidió ayudar a quien realmente lo necesitaba. Olvidando por completo y de un plumazo que era enfermera y estaba allí justamente para eso. Para intentar poner un poco de tranquilidad y sosiego en un día que quedaría  marcado en la historia de una ciudad y un país que habían sucumbido, de nuevo, al temor terrorista.

Se detuvo frente a un banco a orillas del Sena y se sentó para intentar poner en orden sus pensamientos. A alejar lo máximo posible esos sentimientos de los que había huido cuando tomó la decisión de emprender una nueva vida alejada del que siempre había sido su mundo. Marta comenzó a respirar profundamente y poco a poco todos esos recuerdos se fueron evaporando. Recomponiendo su compostura y el color rosado de sus mejillas estaba dispuesta a emprender de nuevo su camino. Sin saber todavía, lo que ese día le tenía preparado. 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *