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Relato. Cruzar la mirada con el destino

-Esta vez por fin me toca ventanilla- suspiró con alivio. Era el sexto avión que cogía en tan solo dos meses y la simple ayuda de por fin poder sentarse donde le apetecía y ver bailar a las nubes le hacía sentirse un poquito más feliz. Incluso más libre.

Para María montarse en un avión no tenía secretos. Se había convertido en pura rutina. La maleta era su accesorio estrella y el pasaporte su mejor compañero. -Pasa controles, sonríe a la cámara, tarjeta de embarque y un nuevo destino- se repetía. Cada día igual que el anterior. Cada vuelo posiblemente similar al siguiente. Sin secretos, sin matices.

Lo que para muchas personas es toda una experiencia o en algunos casos incluso un mal trago; para ella se había convertido en su forma de vida. En su salida más práctica cuando la válvula de su vida decidía saltar por los aires. Cuando su cuerpo no soportaba más presión o su corazón le alentaba a salir corriendo. 

Se había propuesto a sí misma vivir la experiencia de su vida. Con los ahorros que había conseguido acumular en sus últimos años de trabajo como camarera en el bar de un amigo, decidió intentar creer en ella. Ver ese mundo que la gente le contaba al otro lado de la barra mientras disfrutaban de una cerveza o un cafe y juzgar por sí misma la grandeza de las cosas. Ver en lugar de soñar. Respirar en lugar de imaginar. En definitiva vivir. Pero vivir sin complicaciones. Hasta donde el dinero le llevase y el rumbo de la vida le dejase volar.

A sus 25 años había vivido muchas cosas que gente de su edad ni siquiera conocía o podía hacerse a la idea. Una infancia marcada por la desesperación y la necesidad. La falta de cariño y el desprecio. Palabras que al salir de su casa con 18 años decidió borrar completamente de su vocabulario. Aquel día, que abandonó todo lo que había sido en el lugar que la vio nacer, se prometios ser feliz y luchar para conseguir con poco o mucho su objetivo.

Ahora María viaja, vive, disfruta, conoce y vibra con cada lugar por el que se deja caer. Siempre fiel a su propósito, siempre atenta a su objetivo de ser feliz. Sin ataduras, sin nadie a quien rendir cuentas. Con sus ideas claras y pensamientos firmes. – O eso cree ella…- incido.

Un toque en la espalda la trajo de nuevo a su realidad. A ese avión donde por fin se sentaba en ventanilla. Retiró sus auriculares y con asombro cruzó la mirada con su destino. – Soy Carlos, parece que volaremos al lado- escuchó sin poder mediar palabra. 

Ese vuelo ya no sería uno más en su lista. Ni parecido al anterior ni similar al siguiente. Dos segundos bastaron para que María se diera cuenta de que nada en la vida se puede planear según nuestros objetivos. Lo podemos intentar y perseguir, pero sabiendo que siempre habrá sorpresas que nos hagan seguir improvisando.

Lara Franco

9 octubre 2018

#Felizmartes #Felizsemana #Mitedelascinco

 

2 comentarios en “Relato. Cruzar la mirada con el destino

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