Relatos

Relato: Un mundo de oportunidades

La vuelta a la ciudad se le hizo tranquila, sosegada. Como si nunca se hubiese ido. Como si algo la empujase a quedarse a vivir alli. Un sentimiento de que su sitio estaba entre torres de edificios de cristal, ruido de coches, atascos y gente desconocida. Una seña de sentirse libre, anónima, pero por otro lado siendo consciente de que, paso a paso, estaba escribiendo un capítulo nuevo en la historia de su vida. Una nueva pagina en blanco que se ponía a su disposición para hacer con ella viguerías… Una oportunidad para seguir diseñando su presente y por supuesto para fijar el rumbo de su futuro. Que bonito es poder hacer eso. Sentirte dueño de tu momento, de ru situación y circunstancias.

Aquella mañana Leticia caminaba despreocupada a coger el metro. Una mañana más, la rutina de siempre, pero inundada por la sensación de los nuevos comienzos. El tímido sol de la mañana se escondía entre las esponjosas nubes que plagaban el cielo. No se descartaba tormenta a final de la tarde. Pero eso solo hacía que mejorar el día de Leticia. El aire fresco que traía la tormenta siempre le relajaba. Ese olor a humedad que le recordaba su infancia en su pueblecito asturiano. Cargada de recuerdos y sentimientos que le acompañaban siempre. Allá donde su cuerpo pusiera rumbo y dirección.

Leticia había vivido ya en varios países. Era mujer de mundo, de experiencias. Incluso a veces tenía la sensación que se había convertido en un problema. Que no era capaz de arraigarse a ninguna ciudad. Que pasada una temporada, se cansaba de los sitios. Llegó a creer que era psicológico, que ella misma se lo provocaba con tal de sumergirse en un nuevo reto. En una nueva aventura que le permitiera siempre estar alerta. Alejada de la comodidad de la rutina, esa que tanto miedo le provocaba. 

Sin embargo esta vez estaba siendo diferente y su cuerpo lo sabía. Su cuerpo y su mente, que sin duda era parte fundamental. Vivir en Valencia siempre había sido su sueño, pero cuando lo probó hace ya ocho años, su estancia no superó los 365 días. Le había gustado, pero una vez más el sentimiento de cambio y riesgo le llevó a abandonar esa ciudad sin darle una verdadera oportunidad. Pero quizá no fuese su momento. Porque todo tiene su tiempo y su lugar y eso es lo que Leticia ahora sentía. Se encontraba plena. Se levantaba cada mañana sabiendo que estaba dónde quería construir su vida y asentar su futuro. En la ciudad que nada tenía que ver con donde había nacido, pero la cual llenaba su alma y corazón. 

Porque el mundo está lleno de oportunidades. De primera vista y de segunda ronda. Porque nunca se sabe donde encontraremos nuestro destino y lo que en un principio nos parecía imposible, en segunda vuelta nos puede aportar mucha felicidad. Y lo que a primer impacto nos entró por el ojo y nos cautivó…después de examinarlo o probarlo no nos termina de convencer tanto. El mundo es así. Solo hay que esperar el momento. Probar y sentir hasta que nuestro cuerpo se sienta en paz y en equilibrio con lo que hace a diario. ¿Tú también te sientes como Leticia? ¿O hay algo que te apetecería cambiar? #FelizSemana 

 

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