Step by Step

Si miedo al futuro

«No se lo podía creer, por un momento hasta lo dudó. Tuvo que pestañear dos veces y mirar a Roberto para certificar y corroborar lo que había hecho. Era real y lo había conseguido. Ese martes cualquiera, un día de la semana al que sin ser por ese motivo, no le hubiera prestado ni la más mínima atención. Y ahora marcaría en verde en su calendario con millones de círculos alrededor. A las once de la mañana de ese fabuloso martes 25 de enero, lo había conseguido. Había dado su primer paso. Un paso hacia su nueva vida o el paso de la esperanza que es como lo llaman en la Clínica Europa.

Enhorabuena Juan – le coreaba Roberto-. Sabíamos que tarde o temprano llegaría, bien hecho – le alentaban sus compañeros-. Qué sensación tan increíblemente -pensó-. Ni en mis mejores sueños había imaginado que tan solo ocho meses después de su caótico accidente de tráfico, estuviera a punto de hacer realidad el objetivo que se propuso al enterarse que casi a un 80% de probabilidades no podría volver a caminar. 

 

Ahora ya ninguno de sos momentos de bajón que a veces inconscientemente recordaba, importaba. Nada de todo aquel calvario que pasó hasta que comprendió que lo único que debía hacer era dejar de lamentarse y dar gracias, servía. Ahora toda esa ira y frustración que había tornado a trabajo y constancia, le otorgó alivio. En ese preciso instante en el que dio su primer paso; no pudo por menos que romper a llorar como un niño pequeño. Con la inocencia y la satisfacción de saber que ese pequeño gesto le traía kilos y kilos de esperanza. Qué maravillosa que es la vida cuando sientes que te devuelve tus granitos de arena. Cuando valora el esfuerzo realizado y te premia con algo así.

Tras ese gran logro, Roberto, el fisioterapeuta al cargo de la sala dio la sesión de Juan por terminada. Tenían mucho que celebrar. Había que preservar esa inercia positiva y valorar cada pequeño detalle. Los últimos seis meses, Juan, se los había pasado prácticamente de la mano de Roberto. Una persona hasta el momento desconocida y que el destino incluyó en su camino para darle un poco más de vidilla. Roberto y Juan se habían convertido en uña y carne. Casi de la misma edad – ambos rondaban los 30-, criados en el Barrio del Pilar y con la clara idea de que pese a ser de Madrid era el escudo del Barça el que llevaban por bandera. 

En cuanto a Roberto le asignaron el caso de Juan se volcó de lleno con él. Quizá el ser tan parecidos hacía que se sintiera enormemente identificado. El objetivo de volver a caminar se convirtió en una meta para ambos y diseñaron un calendario exigente para demostrar al mundo que se puede andar aunque el 80% siempre ronde por su mente.

Tozudo, tozudo, tozudo y tozudo. Eres un tozudo Juan – le repetía Roberto una y otra vez cuando se sentía incapaz de hacer algo-. No había margen para la autocompasión. El tirar la toalla no entraba dentro del estilo de vida del fisio que en cuanto vio la vulnerabilidad de su paciente; comprendió que saber escuchar y ser indulgente de vez en cuanto también serían buenas herramientas para potenciar la terapia. Ambos aprendían día a día el uno del otro. y aunque las risas tardaron en llegar, su pasón por el futbol y el carácter positivo hicieron que el trabajo diario no fuera tan duro. 

Así fueron pasando los meses, marcando en el calendario con rotuladores de colores los pequeños avances que iban consiguiendo y celebrándolos siempre que se podía en el Pub. A ambos les encantaba la cerveza de modo que porqué negarse dicho placer de vez en cuando. Juan siempre las pedía 0,0%. No dejaba nunca de sentirse culpable. Fue el alcohol quien le llevó a vivir en una silla de ruedas y eso jamás será capaz de perdonárselo. – Fortuna que por lo menos iba solo esa noche en el coche- Claudia, su novia, se había quedado en casa porque le dolía la cabeza prefiriendo así eludir la responsabilidad de ir a cenar a casa de sus suegros con toda su familia política haciendo preguntas de porqué con la edad que tenían no se casaban y se ponían a tener decenas de hijos. – Fíjate como cambian las cosas – pensó Juan al rememorar ese recuerdo- No soy capaz de cuidarme a mi mismo como para cargar a Claudia con más responsabilidad-.  Ella, que tampoco se había despegado de su lado ni un momento desde que se enteró aterrada del accidente. Ella, que hace que sus días tengan 30 horas para poder estar a todo. Ella. 

Esa tarde Juan, Claudia y Roberto brindaron por ese primer paso lleno de esperanza. Ese paso que a Juan tanto le había costado lograr hace tan solo unas horas. Rieron, lloraron, se abrazaron y allí mismo en el Pub rodeados de decenas de personas se prometieron seguir viviendo la vida valorando los detalles que hacen que sigas aferrándote a ella. Día a día, avance tras avance y como no paso tras paso. 

Esa noche fueron felices. Pese a su situación brindaron y sacaron el lado positivo de las cosas y por supuesto volvieron a casa en Taxi. La lección ya estaba más que aprendida».

 

Aprovechemos todo lo que tenga que venir, la vida no es tan corta…pero pasa muy rápido. Feliz semana. 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *