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Utopía política

Cuenta la leyenda que hubo un día donde la política se trataba como algo vocacional. Donde existían personas honestas que estaban dispuestas a ofrecer su vida, sus ideas y su potencial por hacer crecer una nación. Por hacer que la cultura y la sociedad madurasen a costa de trabajo y dedicación. 

Hubo un día en el que existieron políticos honestos. Mentes brillantes que hicieron que el sistema funcionara. Gente valiente que revolucionó y puso su vida en peligro para defender sus ideales y lo que creían que sería lo más beneficioso para el progreso. Para crear una sociedad mejor donde todos contásemos. 

Y porqué digo todo esto. Tengo la impresión que hace décadas en España no tenemos políticos sinceros. Gente de convicciones y lealtad. Profesionales de la política para los cuales la palabra principios significa algo importante. Para los que los valores marcan el camino a seguir. No cualquier valor sino los que hemos venido consiguiendo en España año tras año. Aquellos valores que nos permitieron en su día; mejoras laborales, una sanidad envidiable y una educación pública y multicultural. Aquellos valores basados en el respeto y la libertad en la toma de decisiones. Aquellos valores que hacen que las mujeres cada vez estemos más cerca de nuestro objetivo.

Todo eso de lo que podemos o podíamos, más bien, presumir y que ahora tengo la sensación que estamos dinamitando.Paso a paso, pero esta vez en sentido contrario. Un deshacer lo conseguido que están provocando todos estos líderes políticos que lejos de actuar en consecuencia, pensar en el progreso, la integración y los servicios públicos; lejos de eso, se centran en no convocar elecciones libres o presionar y dividir la sociedad a través de convocatorias de manifestaciones que solo llevan a generar mal ambiente y dividir la sociedad. Por mucho que digan que pretenden lo contrario. Manifestaciones donde no se respeta al de al lado y la gente se cree en pleno derecho de la absoluta razón. 

En qué momento España perdió su esencia, su crecimiento y orgullo de ser un país libre y competente. Sinceramente, echar la vista atrás y hacer balance de estos últimos años de política, para mi, es desalentador. No se me ocurre ni un político al que votar. Pero ni siquiera a los candidatos que en la actualidad se postulan. Ni ellos, ni los programas políticos que ofrecen. Sin carisma, sin realismo y con altas dosis de incongruencia. Ni la derecha es la derecha, ni la izquierda es socialista. No hay centro posible porque entre todos se han propuesto embaucarnos con su palabrería y sus actos cobardes sin llegar a decir nada.

No tengo claro porqué he escrito esto hoy. No soy una entendida de política y tampoco lo pretendo. Soy una simple ciudadana que no es capaz de sentirse representada ni es capaz de validar ninguno de los proyectos políticos que la actualidad me ofrece. Y sinceramente esta situación me da mucha lástima. Siento tristeza por no comprender porqué no existen políticos fieles, congruentes y que respeten al pueblo que les vota y al que representan. ¿Acaso es una utopía? La raíz de la política es lo que debemos mejorar. Queda mucho camino por recorrer. ¡Feliz semana!

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