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Vida de acuarela

Sentía que cada mañana era lo mismo. Su rutina desde hacia algunos años no variaba. Solo los toques de color alegraban o descuidaban esos movimientos casi perfectos que coreografiaba cada día casi de forma automática. Desde hacía tres años su vida se desarrollaba dentro de las cuatro paredes de una residencia. Tan solo tenía 43 años, pero su demencia galopante no le permitía gozar de la independencia de la que siempre había presumido. 

Mujer de negocios, adelantada a su tiempo, vital y preciosa. Una mujer de bandera, como la solían describir. Sonsoles había levantado grandes pasiones allá por donde pasaba. No era por presumir, pero todavía repetía en sus momentos de lucidez cómo hombres y mujeres se giraban por la calle a su paso. Cómo le hacia sentir. Lo poderoso de un momento tan íntimo y especial. Ahora todo aquello solo formaba parte del recuerdo. Y además, un recuerdo efímero, distante y posiblemente algo difuso. 

Seguía manteniendo su figura y su don de gentes. Sin embargo su visión ambiciosa de la vida había desaparecido por completo. La ambición había podido con ella y ahora cada vez que se miraban en el espejo ni siquiera era capaz de intuir ni su sombra; ni los retazos que quedaban de su propia personalidad.

Aun así Sonsoles vivía feliz y de forma sosegada. Tanto pelear y trabajar ahora le reportaba la tranquilidad de tener sus ahorros y una vida económicamente resuelta a su edad. 

«Una lástima verla así», murmuraban las enfermeras de la residencia a su paso. «Una mujer ejemplo, luchadora y feliz; ahora resignada a vivir como una auténtica desconocida»-terminaban de apuntar. Sin embargo para Sonsoles su nueva vida tenía sentido. Apenas recordaba nada de su propia experiencia, de modo que cada nuevo día y su nueva rutina hacia que su cabeza se mantuviese ordenada y serena. Había descubierto en pintar una nueva afición. Le relajaba experimentar con los colores, el agua, imaginar paisajes que en muchos casos eran reales. Retazos de los países que visitó y que todavía esos recuerdos descansan valiosos en su memoria. No se oponía contra ellos sino que los disfrutaba, los hacía salir a la luz y los plasmaba de manera excelente en sus pinturas. 

Adaptada a su nueva vida, seguía siendo tan capaz como siempre. Tan maravillosa y única. Porque las personas somos así, aunque a veces nos cueste asumirlo. Aunque sea complicado adaptarse a las nuevas situaciones a las que nos enfrenta la vida. Sonsoles consiguió volver a sacar lo mejor de su nuevo día a día y plasmar con creatividad todos sus recuerdos. Aquellos que creyó completamente olvidados. Las acuarelas y el papel le devolvieron parte de su vida. Y ella puso el resto. Compromiso y tenacidad para sacar siempre nuestra mejor versión. Porque nosotros podemos y nos superamos. Salimos adelante aunque cueste. ¡Feliz semana!

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